Las mejores historias están en la calle

Me he permitido el atrevimiento de tomar prestado el eslogan de la editorial La Calle par dar título a este post. Creo que más que un eslogan o un lema, es el corazón de esta empresa, el alma de esta familia a la que estoy profundamente agradecido por confiar en Marian Frías y en mí para la publicación de nuestro libro “Mucho más que dos”. Me siento muy privilegiado y honrado por poder compartir este sueño juntos…

las mejores historias2

Desde muy pequeño siempre me ha gustado mucho la calle, no ponía un huevo en casa, me encantaba y me encanta salir, pasear, observar a las personas y las historias que en ocurren en la calle, pero no desde un punto de vista critico o de juicio, todo lo contrario, desde el aprendizaje y la fascinación de contemplar la enorme riqueza del ser humano. Quizás sea por eso que el universo, los astros, o Dios mismo ha tenido este maravilloso gesto de hacer que esta editorial y precisamente con este nombre, fuera quien arropara, llevara a cabo y mimara de una manera tan excelente nuestro proyecto, que más que proyecto consideramos nuestro sueño y hasta nuestro bebé.

Recuerdo que con apenas 6 o 7 años paseando por las calles de Burgos con mi mamá, me fijaba muy atentamente en los rostros de la gente, de los otros niños, y de los adultos… imaginando historias, relatos, vidas reales de personas cuya “energía” podía captar solamente conectando con la mirada. Lo mismo me pasó cuando conocí a Marian, no hicieron falta muchas palabras, tan sólo una mirada, y esa capacidad de ver por dentro y comprender, empatizar, conectar con el alma de la otra persona, saber que había algo en común que teníamos que sacar a la luz.

Otra conexión que marcó y me premió fue la que sentí con Jon, el amor de mi vida en una fría noche de enero en Vitoria. Aunque hablamos bastante, realmente fueron sus ojos, su mirada, la que conquisto mi alma, y esa sensación de que “todo está bien” cuando nuestros ojos se buscan, se encuentran y somos capaces de hacer el amor con la mirada (¿sabías que se puede?).

De adolescente y en mis primeros años de juventud, siempre me gustaba estar en la calle, conocer a gente nueva, empaparme de todo lo bueno que podía aprender de ellos, y dejarme fascinar por las historias sencillas, cotidianas, pero no por eso menos profundas y mágicas que ocurren cada día cuando abrimos nuestros ojos y nuestro corazón.

Durante otra época de mi vida me dediqué a ayudar a personas que literalmente no tenían más que la calle como hogar y lugar de refugio. Recuerdo muchos fines de semana en las plazas de Picadilly Circus y Trafalgar en Londres, hablando con los “sin techo” y ofreciéndoles alojamiento, comida, aseo y hasta una posibilidad de trabajar y construir una nueva vida. Algo que me llenaba de satisfacción. Personas a los que muchos miraban con miedo, asco, desprecio; y otros con amor, compasión…

Es en la calle dónde he aprendido casi todo lo que sé y soy ahora mismo, y es ahí donde quiero seguir aprendiendo y por lo que me dedico a lo que me apasiona: acompañar a personas que cómo tú y como yo, cada día se aventuran a salir a “La Calle”.

Alberto Rodrigologo la calle1

 

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