El coleccionista de maletas

maletaTengo que confesar que una de mis debilidades es coleccionar maletas, bolsas o mochilas de viaje. Posiblemente sea porque me encanta viajar, ir de acá para allá, conocer lugares desconocidos  y sobre todo personas nuevas. Pero no es mi intención hablaros acerca de viajes en este post, sin embargo esta metáfora me servirá para transmitir la idea que hace días ronda mi cabeza, y es ese impulso que algunas personas tenemos de no sólo coleccionar, sino cargar con las mochilas o las maletas de otros.

A primera vista es algo digno de valorar y agradecer, ya que hay momentos complicados en la vida en la que es importante tener a alguien que nos ayude a llevar nuestras cargas, lo que pasa es que en ocasiones esto se puede convertir en una adicción por ambas partes, tanto por la persona que se acostumbra a que los demás les “solucionen” la vida, como aquellos que hasta casi necesitan ser los “salvadores” de todo el mundo de una manera casi compulsiva.

Esto me hace pensar en dos elementos que pueden intervenir en esta cuestión y que se mezclan, malinterpretan y confunden en su significado verdadero: uno de ellos es la responsabilidad y el otro el amor. Lo que sucede es que a veces la línea se confunde, o se lleva al extremo y puede volverse en contra de ambas partes. Me explico, cuando dejamos que otros nos ayuden y hasta lleven nuestra mochila, normalmente es por necesidad legítima, pero en ocasiones puede esconder pereza, pasividad,  falta de responsabilidad, costumbre a que otros hagan lo que a mí me corresponde, miedo a crecer, a aprender, a salir de nuestra zona de confort. ¿Pero que ocurre con la persona que asume las cargas de los demás? ¿Cuáles son las intenciones que le llevan a hacerlo?, vuelvo a preguntar ¿cuáles son las intenciones más profundas que nos llevan a asumir cargas que no nos corresponden? No dudo que en muchas ocasiones se haga por amor y desde el amor, pero aún ahí sería bueno preguntarse si realmente es necesario y potenciador para la otra persona que yo asume ese rol de portador. En otras ocasiones creo que detrás puedan esconderse dos “amigos internos” a los que les gusta disfrazarse, te los presento:

1. El control: La necesidad de controlarlo todo, de asegurarse que todo esté en su lugar y de la manera que yo creo que debe estar, sin dar lugar a que el otro se “equivoque”, tome responsabilidad, aprenda y en definitiva crezca.

2. La búsqueda de aceptación y amor: Muchas veces, detrás de esta ayuda que ofrecemos constantemente a los demás hay un corazón sediento en busca de cariño,  aceptación y recompensa.

¿Pero que sucede con la persona que permite que otro cargue con su mochila? Pueden pasar varias cosas, aunque lo más habitual es que se acostumbre y se convierta en alguien dependiente, inseguro, perezoso… Esta persona está cediendo su responsabilidad a otro, y por lo tanto, el poder para cambiar y crecer, lo que a medio o largo plazo le puede llevar a un estancamiento en su desarrollo personal.

Como he comentado antes, la cuestión reside en el equilibrio, porque está claro que  estamos para ayudarnos los unos a los otros, es más lo ideal es vivir en un intercambio de favores y recursos que enriquezcan nuestras relaciones y nuestras vidas. Es importante saber dar y saber recibir, pero otra cosa muy diferente es llevar la maleta que no nos corresponde, cargarnos con lo que no es nuestra responsabilidad y encima sufrir las consecuencias de ello en nuestra vida, además haciendo flaco favor al otro.

Entonces, ¿donde está la línea que marca la diferencia?, ¿cómo sabemos si es el momento de cargar durante una parte del camino con la maleta del otro y cuándo estamos llevando la carga que no nos corresponde? Para ello es importante mirar hacia dos lados: primero hacia uno mismo, preguntarse desde dónde lo estoy haciendo, qué es lo que me mueve… y después mirar hacia la persona que creemos que necesita esa ayuda y preguntarle si realmente la requiere. En ocasiones me he encontrado tratando de ayudar a personas que no me lo pedían y que lo necesitaran o no, no querían ser ayudados y preferían vivir eso que les estaba sucediendo de manera personal. Otras veces lo que ocurre es justamente lo contrario, y es que te encuentras con personas que se han acostumbrado a pasar sus mochilas a los demás para ir más ligeros de carga, cuando lo que deberían hacer es aprender a coger esa maleta o mochila y cargarla, o incluso abrirla, analizar su contenido y decidir que es lo que vale la pena y lo que no, para aligerar su carga o sencillamente aprender de esa etapa lecciones que probablemente le ayudarán a ser mejor persona y a vivir mejor.

Sea cual sea tu situación, me gustaría proponerte un pequeño ejercicio o juego:

1. Identifica cuál es tu situación actual al respecto, ¿Con cuál de los dos roles te identificas tú? ¿Eres de los que va buscando y coleccionando mochilas, o de los especialistas en pasar la mochila a otro para que te la lleve?

2. Visualiza las maletas que estás cargando actualmente, las que están cargando por ti, o incluso las que tienes guardadas.

3. Piensa si puedes prescindir de alguna de ellas, bien sea porque no te corresponde llevarla o porque ya no te sirve para nada. Una buena manera es abstraerte, mirarte desde afuera y hacer un acto simbólico de dejar la maleta en medio de tu camino y ver cómo te sientes o te sentirías continuando el viaje sin esa maleta. Quizás consideres que debes abrirla y hacer limpieza, o sencillamente cerrar los ojos, o  mirar al cielo y decir: “Esta mochila no me corresponde”. Es un acto de amor, de entrega, estarás dando permiso al otro a aprender, y a ti mismo para vivir más ligero.

4. Toma responsabilidad. Si por lo contrario te has dado cuenta de que alguien está llevando tus cargas sin que sea algo necesario, pídele que te devuelva la carga, libera a esa persona de ese peso y empieza el maravilloso camino del aprendizaje y crecimiento.

5. Planifica tu viaje. Si por el contrario consideras que es el momento de llevar esa maleta por un tiempo, o que alguien te ayude a llevarla, te propongo que le pongas una fecha de caducidad, o de entrega, y que disfrutes del viaje con esa carga, convirtiéndola en un regalo que la vida  te presenta.

Recuerda que las maletas y mochilas están para ayudarnos a llevar algo que necesitamos y queremos y que a cada uno le corresponde y a veces hasta escoge las suyas propias. Pero sobre todo no olvides que no estás solo y que siempre puedes encontrar buenos compañeros de viaje, algunos te acompañarán desde el principio del camino, a otros te los irás encontrando…

Nos vemos en este viaje.

Alberto Rodrigo

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