La “Nueva Normalidad”

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Casi no puedo creerme la vida que se nos está quedando, mejor dicho, el tipo de vida, la forma, el estilo… Porque la VIDA en sí es VIDA y punto, no depende del formato ni del contexto, si así fuera no sería realmente VIDA. Lo mismo ocurre con tantas otras cosas como el amor.

Esta madrugada mi mente me ha vuelto a jugar una mala pasada, nunca mejor dicho, porque ¡qué mal se pasa cuando uno se tortura a sí mismo y se queda atrapado en el miedo, la desconfianza, la ausencia de amor!

Corremos hacia la vida, vamos como locos por sostener, mantener y prolongar lo que creemos que es vida, aquello que nos han enseñado, instruido y hasta adoctrinado. Pero si logramos parar y poner todo nuestro foco en el AMOR, entenderemos lo que significa realmente vivir. No es fácil, pero es sencillo.

Y ahora diseñamos una “nueva normalidad”. Necesitamos ponerle nombre, justificar y explicar con palabras todo esto que nos está sucediendo. Nos engañamos a nosotros mismos pensando que nuestro mayor enemigo es un virus con nombre de corona y un número asignado.

Sin embargo… ¿cuántas cosas de nuestra tan anhelada y ya distante “normalidad” estaban gravemente infectadas? Virus como por ejemplo el ego, el materialismo, la injusticia, la hipocresía, el orgullo, la falta de amor, la falta de perdón, la falta de paz, la falta de fe… Demasiadas –faltas de-. Nos habíamos inmunizado con la vacuna de un mal denominado “bienestar”, olvidándonos de que somos COMUNIDAD, que tu necesidad es mi necesidad, tu dolor es mi dolor.

Un corazón, un alma y un espíritu en armonía será lo único que nos conecte con el AMOR. Una comunidad diversa, no uniformada, con múltiples formas donde haya un lugar digno para todos, donde nunca lo material esté en un primer plano.

Y ahora que nuestro mundo se rompió, y ahora que el sufrimiento sigue en pie, y ahora que nuestra fe está por medir, y ahora que nos unimos sin tocar. Ahora es el momento de entender, no tanto cómo será la “nueva normalidad”, sino cuál es nuestra VERDAD, esa que nos libera y que forma junto con el camino y la vida, la verdadera definición del indescriptible e incondicional AMOR. Esta será la mejor medicina, y la fe que tengo me convence de que así será.

Aunque, ¿quién soy yo para decirte qué sentir?, ¿quién soy yo para guiarte en lo que hacer?, ¿quién soy yo para explicarte este dolor. ¿Quién soy yo para intentarte animar?, ¿quién soy yo para buscar la solución? ¿Quién soy yo, si ni siquiera sé quién soy?

© Alberto Rodrigo. Abril 2020

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