Archivo de la categoría: Reflexiones

Un puñado de letras y quizás alguna imagen para reflexionar…

d i s t a n c i a

Alberto web

Foto: joancrisol.com

Visito la distancia entre mi cuerpo y el que fue, distancia que me acerca a ser yo mismo, hoy más que nuca.

¿Dónde han quedado esas palabras lanzadas al cielo? ¿Que hay en esos huecos, agujeros llenos de experiencias, vivencias, duelos, muertes que llevan a renacimientos?

Toma mi mano, desde lejos si aún puedes sentirla, ayúdame a encontrarme, porque no sé quién soy, ni cuánto de mí se ha quedado en el camino.

Y no, claro que no quiero cantar, al menos no quiero hacerlo con las canciones de siempre ni de la misma forma, sin embargo el alma me lo pide, y quisiera desnudar mi voz por completo para cantar una nueva canción. Quizás así esa distancia se acorte.

¿Pero tú quién te has creído que soy? ¿Y hasta dónde crees que puedo soportar esta tensión que me separa de mí, de ti?

¡Claro que creo! ¿Aún lo dudas? Me paso la vida creando y creyendo… Me da la sensación de que no te estás enterando de nada, como tantas veces me sucede a mí.

Y si pudieras por un momento bajar a explicármelo, al menos entendería algo. ¿Tanto te cuesta? ¿Tú que lo sabes todo, que lo puedes todo? No pido tanto… al menos tomémonos un café junto al mar, veamos una puesta de sol o demos un paseo por la ciudad en la que suelo encontrarte, donde descubro un poquito mejor quién soy.

No me dejes así, que me duele, no dejes que sea yo quién te descubra, porque llevo varias vidas haciéndolo, y parece que cada vez sé memos de ti. ¿Quién te has creído que eres?

Y sin embargo tu distancia me cautiva, me seduce, me atrae más hacia ti…

Desde la distancia.

Alberto Rodrigo

 

Anuncios

…vacío

8759639_orig

Casi no me he dado cuenta pero he llegado hasta aquí, sí justo donde quería, al lugar deseado donde todos mis sueños han ido llegando como un regalo directo de la vida.

Es entonces cuando me paro, me observo, reflexiono, me abrazo y siento el vacío. Ese vacío que se siente cuando tienes todo lo que quieres y más de lo que necesitas, cuando te das cuenta de que hay cosas que no se pueden comprar ni lograr a través del esfuerzo, del no parar, de la constante formación y de una sobre-estimulación emocional y física. Es como si el alma se quedara seca, ha recorrido mucho camino, ha vivido muchas vidas, ha tenido que gestionar quizás demasiados retos, demasiados obstáculos, valles y cumbres. Y me siento vacío.

Vacío, que es más que estar desnudo, porque nunca he tenido problema con la desnudez, sea del tipo que sea; pero el vacío es otra cosa.

El vacío me deja en calma, vulnerable en un silencio que me permite escuchar de verdad. Ya no tengo que ser nadie, cumplir expectativas, demostrar nada, luchar, trabajar, perseguir sueños… simplemente se trata de disfrutar de ese vacío, de acogerlo y darme cuenta de que puedo ser quien quiera ser si me dejo llenar del amor verdadero, ese que no se asusta de nada, que ha ganado al miedo, por eso es amor.

Y me permito el tiempo para sentirme vacío y seguir dando gracias por ese espacio que queda cuando decides soltar, regalar, en definitiva confiar. Se genera en mí la expectación de lo que es ahora y de lo que está por venir. Porque creo en la creatividad y en la fe infinita que mueve las montañas sin dificultad y que es capaz de volver a llenar un corazón como el mío, como el tuyo, un alma y un espíritu de nuevo.

Vacío, me quiero… vacío.

Alberto Rodrigo

Puedo sentir

0682-3

Puedo sentir esas mañanas de sábado encerrado en  mi habitación escuchando la música a todo volumen, imaginando cómo  quería que fuera mi vida, y esas noches bailando en cualquiera de los pubs de mi ciudad natal, vestido a mi manera, libre…

Puedo sentir todos los kilómetros recorridos con la guitarra a cuestas, acompañado por vosotros y por todos esos bártulos necesarios para llenar un escenario, y esas canciones que he escrito y que aún habitan en mi alma; las canto y las escucho a escondidas.

Puedo sentir cada mutilación, las emocionales y las físicas. Horas de espera en habitaciones que eran cárceles, la incomprensión de vivir algo que dolía y que jamás hubiera elegido, demasiado experto y demasiada ciencia para un ser que se siempre se ha salido de los márgenes.

Puedo sentir esa extraña sensación, ese amor que te seduce desde la infancia y te acompaña en cada episodio de eso a lo que llamamos vida.

Puedo sentir las incoherencias que me hacer ser coherente, ser yo mismo, tras haber recorrido un largo camino de búsqueda, en el que aún transito.

Puedo ver esa sonrisa y esa constante sensación de sentirme amado, sin importar el lugar ni las circunstancias.

Y toca el momento de desnudarse para encontrar lo que hay detrás de cada uno de esos trajes elegidos a veces y otras veces impuestos. Pero hoy alcanzo a verme a mí mismo un poco mejor sin importarme demasiado lo que está “bien” y lo que está “mal”.

He aprendido a volar estrellándome en el viento, pero vuelo.

Puedo sentir…

firma

Rediseña tu rutina

Tras un verano muy afortunado en el que he podido descansar, tomar baños de sol y de mar, compartir con amigos y amigas y también pasar tiempo con la naturaleza, reír, bailar, soñar, hacer nada… la vuelta a la rutina cuesta. Cuesta arrancar el nuevo curso, volver a las obligaciones, responsabilidades, trabajos cotidianos. Y siempre me he preguntado porqué precisamente tras un tiempo de descanso muchas personas se deprimen o lo pasan mal al volver a casa cuando en realidad deberíamos tener las pilas cargadas y estar más preparados que nunca para volver.rutina

Y quizás esta sea la palabra clave: volver. ¿A qué lugar queremos volver? Y no me estoy refiriendo necesariamente a un lugar físico. ¿En qué estación de nuestra vida queremos entrar? Tú eliges, yo elijo.

Soy de las personas que adoran el verano, el sol, la luz, el día, soy de mañanas. Por eso he decidido volver a la luz, seguir en el verano que es dónde mejor me siento, quizás en esos primeros días de primavera dónde los días se alargan y la naturaleza nos regala mañanas más largas y noches que se hacen esperar.

Pero, ¿cómo se puede vivir en verano cuando es otoño o invierno? No quiero que me mal interpretéis y penséis que la cuestión sea huir de las estaciones que tocan vivir, todo lo contrario. Es clave vivir el presente y el ahora, toque lo que toque. Pero la magia está en convertir tu otoño en un verano personal si así lo deseas. Cuando la luz de fuera escasea, se va reduciendo, podemos iluminar nuestro interior y convertir nuestro presente en un verano deseado.

Quizás tú seas más de invierno, de chimenea, de ver a través de la ventana cómo llueve o nieva. Te gusta la quietud de la noche, tu mente y tu alma están más abiertos en ese ambiente… Para ti también sirve, dale la vuelta a lo anterior, crea tu propia estación dónde te sientas más cómodo/a.

Pero volvamos al tema de la rutina. Volver tras las vacaciones no tiene por qué implicar volver a una rutina que no nos guste, si ese es el caso. Podemos rediseñar nuestra rutina con pequeños cambios, haciendo cosas diferentes. Os propongo algunas ideas que a mí me han servido:

1. ¿Por qué no convertir los lunes en nuestro día favorito de la semana preparando una cena especial cada lunes a partir de ahora, o quedando con un amigo o amiga para tomar un té o una cerveza? No hay por que dejar estas cosas para los viernes o para el fin de semana.

2. Observar la vida desde otro prisma. Para eso es necesario que nos situemos en otro lugar, que cambiemos de situación. Si el escenario no cambia, podemos cambiar de butaca. Verás como eso hace que veamos las cosas de manera diferente.

3. Darse un capricho. Eligiendo un día a la semana para un baño de agua caliente con sal, música y velas, sin prisas. O escoger algún libro que nos aporte algo, nos guste y cambiar tiempo de ver televisión por tiempo de lectura.

4. Conectar con las cosas que nos gustan. A veces olvidamos aquellas cosas que nos hacen sentir bien. Podemos hacer una lista de aquellas cosas que nos gustan y que echamos de menos. Después elegimos al menos 2 de ellas y las incorporamos en nuestra nueva rutina.

5. Hacer un nuevo horario. Seguramente haya cosas que no podamos cambiar, como el horario de trabajo, pero seguro que podemos replantearnos en qué queremos emplear nuestro tiempo libre.

6. Revisemos nuestra actitud. A veces la cuestión no está en la rutina que tenemos sino en nuestra actitud ante la vida, en la rutina de nuestra actitud, cuando estamos instalados en la queja o en filtros que nos hacen ver la vida de manera negativa.

Te invito a crear y rediseñar tu propia nueva rutina.

Alberto Rodrigo

No soy una persona normal, ni quiero serlo

2013-10-19 16.58.22Parece que el sonido del tren sobre las propias vías cortando el aire,  junto con sus paisajes de transición entre el centro y el norte, le empujen a uno a permitirse “perder el norte” y dejar que su propio sur le conceda la experiencia o el juego de reflexionar sobre misterios tales como:

La identidad, la misión o la visión de la vida.

Desde muy pequeño me he considerado diferente, anti jaulas, anti formatos, anti normas y anti etiquetas. Esta extraña rebeldía es la que quizás haya ido modelando mi historia de vida (lo que algunos llaman testimonio), e incluso hasta mi cuerpo, para llegar a ser lo que soy en esta estación en la que me encuentro ahora mismo. Sé que aún quedan muchas más estaciones a las que llegar y puede que parar, para volver a reinventarme, para encontrar aquello que deseaba y que quizás pensaba que era imposible alcanzar. Pero es que la fe siempre ha podido a mis miedos, el valor a mi fragilidad, mi sensibilidad a mi sentido de la vergüenza… y todas ellas bailan entre sí dentro de mi alma y fuera de mi cuerpo, constituyendo un ser “anormal”, un mundo aparte, como seguramente seas tú, querido lector o lectora, aunque puede que aún no te hayas dado el permiso de descubrirlo…

Cada uno elegimos nuestro propio camino, con sus baches, sus oasis, sus subidas y bajadas, con sus puentes y sus zonas en obras. Pero definitivamente es tú camino, diseñado por y para ti. Por eso no le doy margen a la queja en mi vida. ¿De qué podría quejarme, si soy el artista de mi propia obra, el intérprete de mi canción y el actor protagonista de mi película?

Y cuando descubro esto se produce un “clic” en mi mente y en mis emociones; cambia mi foco y siento que tengo la capacidad suficiente y necesaria para ser quien quiero ser, o mejor dicho, el que ha sido llamado a ser. Descubro que no hacen falta tantas cosas para vivir una VIDA con mayúsculas, que incluso podemos simplificar hasta nuestro cuerpo y aún así vivir de verdad, porque no existe mayor mutilación que la que uno se quiera imponer a sí mismo a través de creencias limitantes. La buena noticia es que esta misma magia o ley espiritual funciona a la inversa, convirtiéndonos en seres más que capaces de alcanzar todo aquello creamos de verdad y así hacer realidad nuestros sueños.

No soy normal, ¡claro que no! y me encantaría sugerirte que tú tampoco lo eres. Cierto es que habría definir qué significa ser normal, porque puede haber varias definiciones.

Sea como sea, me gustaría proponer la idea de que cada uno de nosotros/as somos personas VIP: very importantant person (considero que la traducción al castellano sobra). La razón es que han sido necesarios una sucesión de milagros para que tú y yo estemos hoy aquí, porque somos un regalo, somos luz, amor, y este amor es la gasolina de nuestras vidas si así lo decidimos y lo creemos.

Habitamos, no solamente en nuestros cuerpos, en nuestros hogares, ciudades o pueblos; también habitamos en nuestras creencias y valores y son precisamente estas creencias las que nos capacitan o nos boicotean. No es la sociedad, no son los otros los responsables de nuestra situación actual, la consideremos buena o mala. Aunque es cierto que formamos parte de varios sistemas y estos influyen unos sobre otros, es aún más cierto que es esa justamente la clave para mejorar mi mundo, tu mundo, nuestro mundo. Si yo brillo, es más fácil que tú también brilles, y viceversa.

Así que, ¿Por qué no probar a salir de la normalidad?

Te doy la bienvenida al mundo de los anormales por elección.

¡Viva la vida alegre y divertida! Te invito a que veas y escuches esta canción a todo el volumen que puedas y quieras.

Alberto Rodrigo

 

El coleccionista de maletas

maletaTengo que confesar que una de mis debilidades es coleccionar maletas, bolsas o mochilas de viaje. Posiblemente sea porque me encanta viajar, ir de acá para allá, conocer lugares desconocidos  y sobre todo personas nuevas. Pero no es mi intención hablaros acerca de viajes en este post, sin embargo esta metáfora me servirá para transmitir la idea que hace días ronda mi cabeza, y es ese impulso que algunas personas tenemos de no sólo coleccionar, sino cargar con las mochilas o las maletas de otros.

A primera vista es algo digno de valorar y agradecer, ya que hay momentos complicados en la vida en la que es importante tener a alguien que nos ayude a llevar nuestras cargas, lo que pasa es que en ocasiones esto se puede convertir en una adicción por ambas partes, tanto por la persona que se acostumbra a que los demás les “solucionen” la vida, como aquellos que hasta casi necesitan ser los “salvadores” de todo el mundo de una manera casi compulsiva.

Esto me hace pensar en dos elementos que pueden intervenir en esta cuestión y que se mezclan, malinterpretan y confunden en su significado verdadero: uno de ellos es la responsabilidad y el otro el amor. Lo que sucede es que a veces la línea se confunde, o se lleva al extremo y puede volverse en contra de ambas partes. Me explico, cuando dejamos que otros nos ayuden y hasta lleven nuestra mochila, normalmente es por necesidad legítima, pero en ocasiones puede esconder pereza, pasividad,  falta de responsabilidad, costumbre a que otros hagan lo que a mí me corresponde, miedo a crecer, a aprender, a salir de nuestra zona de confort. ¿Pero que ocurre con la persona que asume las cargas de los demás? ¿Cuáles son las intenciones que le llevan a hacerlo?, vuelvo a preguntar ¿cuáles son las intenciones más profundas que nos llevan a asumir cargas que no nos corresponden? No dudo que en muchas ocasiones se haga por amor y desde el amor, pero aún ahí sería bueno preguntarse si realmente es necesario y potenciador para la otra persona que yo asume ese rol de portador. En otras ocasiones creo que detrás puedan esconderse dos “amigos internos” a los que les gusta disfrazarse, te los presento:

1. El control: La necesidad de controlarlo todo, de asegurarse que todo esté en su lugar y de la manera que yo creo que debe estar, sin dar lugar a que el otro se “equivoque”, tome responsabilidad, aprenda y en definitiva crezca.

2. La búsqueda de aceptación y amor: Muchas veces, detrás de esta ayuda que ofrecemos constantemente a los demás hay un corazón sediento en busca de cariño,  aceptación y recompensa.

¿Pero que sucede con la persona que permite que otro cargue con su mochila? Pueden pasar varias cosas, aunque lo más habitual es que se acostumbre y se convierta en alguien dependiente, inseguro, perezoso… Esta persona está cediendo su responsabilidad a otro, y por lo tanto, el poder para cambiar y crecer, lo que a medio o largo plazo le puede llevar a un estancamiento en su desarrollo personal.

Como he comentado antes, la cuestión reside en el equilibrio, porque está claro que  estamos para ayudarnos los unos a los otros, es más lo ideal es vivir en un intercambio de favores y recursos que enriquezcan nuestras relaciones y nuestras vidas. Es importante saber dar y saber recibir, pero otra cosa muy diferente es llevar la maleta que no nos corresponde, cargarnos con lo que no es nuestra responsabilidad y encima sufrir las consecuencias de ello en nuestra vida, además haciendo flaco favor al otro.

Entonces, ¿donde está la línea que marca la diferencia?, ¿cómo sabemos si es el momento de cargar durante una parte del camino con la maleta del otro y cuándo estamos llevando la carga que no nos corresponde? Para ello es importante mirar hacia dos lados: primero hacia uno mismo, preguntarse desde dónde lo estoy haciendo, qué es lo que me mueve… y después mirar hacia la persona que creemos que necesita esa ayuda y preguntarle si realmente la requiere. En ocasiones me he encontrado tratando de ayudar a personas que no me lo pedían y que lo necesitaran o no, no querían ser ayudados y preferían vivir eso que les estaba sucediendo de manera personal. Otras veces lo que ocurre es justamente lo contrario, y es que te encuentras con personas que se han acostumbrado a pasar sus mochilas a los demás para ir más ligeros de carga, cuando lo que deberían hacer es aprender a coger esa maleta o mochila y cargarla, o incluso abrirla, analizar su contenido y decidir que es lo que vale la pena y lo que no, para aligerar su carga o sencillamente aprender de esa etapa lecciones que probablemente le ayudarán a ser mejor persona y a vivir mejor.

Sea cual sea tu situación, me gustaría proponerte un pequeño ejercicio o juego:

1. Identifica cuál es tu situación actual al respecto, ¿Con cuál de los dos roles te identificas tú? ¿Eres de los que va buscando y coleccionando mochilas, o de los especialistas en pasar la mochila a otro para que te la lleve?

2. Visualiza las maletas que estás cargando actualmente, las que están cargando por ti, o incluso las que tienes guardadas.

3. Piensa si puedes prescindir de alguna de ellas, bien sea porque no te corresponde llevarla o porque ya no te sirve para nada. Una buena manera es abstraerte, mirarte desde afuera y hacer un acto simbólico de dejar la maleta en medio de tu camino y ver cómo te sientes o te sentirías continuando el viaje sin esa maleta. Quizás consideres que debes abrirla y hacer limpieza, o sencillamente cerrar los ojos, o  mirar al cielo y decir: “Esta mochila no me corresponde”. Es un acto de amor, de entrega, estarás dando permiso al otro a aprender, y a ti mismo para vivir más ligero.

4. Toma responsabilidad. Si por lo contrario te has dado cuenta de que alguien está llevando tus cargas sin que sea algo necesario, pídele que te devuelva la carga, libera a esa persona de ese peso y empieza el maravilloso camino del aprendizaje y crecimiento.

5. Planifica tu viaje. Si por el contrario consideras que es el momento de llevar esa maleta por un tiempo, o que alguien te ayude a llevarla, te propongo que le pongas una fecha de caducidad, o de entrega, y que disfrutes del viaje con esa carga, convirtiéndola en un regalo que la vida  te presenta.

Recuerda que las maletas y mochilas están para ayudarnos a llevar algo que necesitamos y queremos y que a cada uno le corresponde y a veces hasta escoge las suyas propias. Pero sobre todo no olvides que no estás solo y que siempre puedes encontrar buenos compañeros de viaje, algunos te acompañarán desde el principio del camino, a otros te los irás encontrando…

Nos vemos en este viaje.

Alberto Rodrigo