Archivo de la categoría: Reflexiones

Un puñado de letras y quizás alguna imagen para reflexionar…

¿Qué es la compasión?

Te propongo que descubras conmigo el sentido de la compasión activa, un nuevo enfoque con pasión.

Alberto Rodrigo

 

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De raíces y de alas…

 … o de cómo vivir una relación de pareja sana y funcional

de raices y de alasComo la mayoría de vosotros y vosotras ya sabéis, me apasionan las personas, ¡aprendo tanto de cada una de ellas!… en realidad estoy enamorado de la gente y en este aprendizaje me he dado cuenta de lo importante y necesarias que son las relaciones, y también de cómo éstas afectan a nuestro bienestar y calidad de vida. Cuando me especialicé en “Coaching de Relaciones” por D’arte Coaching, aprendí mucho sobre mí mismo, de mis compañeras/as, profesoras/es, etc…, pero también de cómo formamos parte de un sistema en el que nos interrelacionamos y a través del cual influimos los unos sobre los otros. Acompañando a las personas en un proceso de coaching, también veo a diario la importancia que tienen las relaciones para vivir una vida plena.

Lo que hoy me gustaría compartirte son algunas ideas, quizás clave, para que nuestras relaciones (sean cuales sean: pareja, amigos, familia…) sean funcionales, sanas y nos procuren bienestar a nosotros y a los que forman parte de ellas. Puede que algunas te sean útiles y puede que otras no. Aun así me gustaría centrarme en las relaciones de pareja, aunque como te he dicho, algunas de estas claves las podamos aplicar a todo tipo de relaciones.

Sobraría decir que foco central para que una relación funcione y alrededor del cual crearemos un baile de valores para disfrutar de una buena relación de pareja es el AMORamor

Me gustaría que tomaras un rato para observar esta nube de palabras y anotar y desarrollar aquéllas que te muevan por dentro, quizás todas, o quizás añadas las tuyas propias. Lo importante es que puedas valorar del cero al diez cómo se encuentra cada una de estas áreas en tu relación de pareja. De hecho, sería interesante que lo hicierais ambos, cada uno por su parte y luego lo compartierais juntos. Seguramente os llevéis alguna sorpresa y os ayude a entender mejor las diferencias a la hora de dar importancia a cada uno de estos valores, porque quizás cada cual le deis un significado diferente, y es precisamente eso lo que puede generar conflictos, malas interpretaciones, suposiciones, carencias, desencuentros …

Sea como sea, te ayudará a definir tus valores, creencias, y sentimientos al respecto; a comunicarte, a expresar a tu pareja cuáles son tus necesidades y darle la oportunidad para que sepa cómo cubrirlas. Este ejercicio sencillo puede ser muy poderoso a la hora de conocer mejor lo que uno espera y necesita del otro/a, así como entender cuál es su mapa mental.

La Teoría triangular del Amor del psicólogo estadounidense Robert Sternberg caracteriza el amor en una relación interpersonal según tres componentes diferentes: Intimidad, PasiónCompromiso, sugiere que éstos tres son claves para que una relación funcione. Además yo he querido añadir otros que “bailen” alrededor de ellos, tal y como puedes observar en el gráfico.

Finalmente me gustaría compartirte mi teoría que da sentido al título: … de raíces y de alas. Porque creo que es muy importante que en la relación se creen raíces basadas en el compromiso, el respeto mutuo, en pasar tiempo de calidad juntos, en tener proyectos comunes, en la confianza, en una buena comunicación, etc. Y las alas tienen que ver con nuestra individualidad que no debemos perder, con la libertad de ser quienes somos cada cual sin perder nuestra propia esencia. Creo que no somos la media naranja, pera o plátano de nadie; cada uno/a somos completos/as y elegimos compartir nuestra vida con otro ser completo, que en todo caso, saca lo mejor de nosotros/as, nos hace sentir bien, con quién tenemos cierta química y decidimos compartir nuestra vida, intimidad y pasión. Nos comprometemos, pero siempre con el espacio necesario para volar, tanto a nivel individual como en pareja.

Te dejo con el deseo de que tú mismo/a puedas continuar reflexionando y que puedas hacerte las preguntas necesarias para seguir descubriendo cómo mejorar tu relación de pareja e incluso evaluar si estás en una relación funcional.

Alberto Rodrigo

 

¿Ego “bueno” o Ego “malo”?

Ego

Para empezar diré que desde hace algún tiempo evito definir cualquier cosa como buena o mala, positiva o negativa, y en especial los términos malo y negativo. Sin embargo en este artículo o reflexión he querido utilizarlos de manera consciente, por eso los he puesto entre comillas en el título.

Se define al ego como el yo, lo que soy, la psique, alma, conciencia, ser… Pero también en nuestra cultura se le relaciona con un exceso de autoestima. En coaching usamos mucho ese término a veces para definir una parte de nosotros que nos potencia, o que nos limita, y quizás sea aquí donde radique la clave, y es en el buen uso del mismo, en saber discernir aquellas partes de nuestro ego que son positivas, y aquellas que nos limitan, o incluso nos alejan de los demás.

Hay varias palabras que incluyen la raíz “ego”, que han perjudicado bastante el sentido del mismo, o al menos han ensombrecido al ego bueno y necesario que todos/as necesitamos para tener una relación sana con nosotros mimos/as. Por ejemplo: egoísta, egocéntrico, egolatría…

Por otro lado, es curioso que muchas de las personas con las que trato necesitan potenciar su ego, ya que tienen una autoestima muy baja. Quizás sea un tema de creencias que nos hace pensar que cuidarnos a nosotros/as mismos/as, prestarnos atención, adelantar nuestras necesidades a las de los demás sea algo egoísta. Probablemente heredado de la cultura judeocristiana y en una mala interpretación de ella, ya que nadie puede amar “sanamente” a los demás si no se ama a sí mismo. Esta propia herencia dice: –ama a tu prójimo como a ti mismo-. Por lo que que si no aprendemos a tener un ego equilibrado y positivo, nos desgastaremos intentando darnos a los demás quizás con una intención inconsciente de obtener una recompensa de ello, y así hacer que nuestra autoestima y ego mejoren. Pero pienso que esto no funciona así, esta no es la fuente que sacia…

Olvidamos por el camino que el ego significa simple y sencillamente “yo”, y ese “yo” es único, exclusivo, y especialmente diseñado para cada persona. Por lo que te propongo concluir con esta idea: No existe el ego “malo”, existe una falta de conexión con nuestra propia esencia y con el amor en su más alta pureza y la única manera de descubrir nuestra esencia es pasando tiempo conmigo mismo/a, dedicando el tiempo y el espacio necesario para ser “yo”. Seguramente en el viaje te encontrarás con algo que está muy relacionado con todo esto que estamos hablando: La autoacepatción. Pero esto lo dejaré para otro artículo…

Y como me gusta ser práctico, te propongo un ejercicio para concluir. Hazlo en tu lugar especial, donde te sientas más “tu”.

1. Coge una cartulina y haz un dibujo que te defina o refleje a ti mismo en estos momentos. Hazlo sin juzgarte si dibujas bien o no… déjate fuir, usa colores, haz lo que te salga del alma. Y luego observa el dibujo que has hecho, obsérvate a ti.

2. Haz una lista de tu ego, que cosas te gustan de él y las que no; cuáles crees que te potencian y cuáles te limitan; si ves alguna que te gustaría cambiar, o sencillamente aceptar.

3. “Porque yo lo valgo”. Date un capricho, hazte un regalo especial esta semana, quizás sea hacer algo que hace tiempo que estás pensando y  nunca “puedes”… no tiene por que ser material, o si, todo depende de ti.

4. Piensa en alguien que conozcas y consideres atractivo/a (no me estoy refiriendo necesaria o exclusivamente a nivel físico) y pregúntate cómo está su ego, que es lo que hace que te den ganas de pasar tiempo con él o con ella.

5. Y por último haz lo mismo que en el punto anterior, pero esta vez con alguien que consideres tan egocéntrico/a que procuras evitar. Anota aquellas cosas que crees que, en esa persona, hacen que actúe de esa manera. Reflexiona.

¡Seguro que tu mismo/a descubrirás lo maravilloso/a que eres!:

E: especial

G: generoso/a

O:original

Alberto Rodrigo

 

Sí, quiero.

 “Prometo amarme, respetarme, aceptarme y cuidarme desde hoy y para siempre, todos los días de mi vida”

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No os asustéis, no voy a hablaros de bodas, ¿o sí?… al menos no me voy a referir al tema de un compromiso con otra persona, más bien a un compromiso contigo misma/o.

Una de las situaciones más recurrentes que trato con las personas a las que acompaño en un proceso de coaching es el tema de la autoestima, o más bien la falta de ella,  y no me ruborizaría tampoco decir que yo mismo he lidiado y me enfrento con este asunto personalmente.

El otro día estaba en mi gimnasio haciendo ciclyng y de repente vi este eslogan de “Sí, quiero”, como no,  para animar a la gente a apuntarse al gimnasio y cuidar su cuerpo. Me pareció muy bueno y me hizo pedalear más fuerte y repetirme a mí mismo: “Prometo amarme, respetarme, aceptarme y cuidarme desde hoy y para siempre, todos los días de mi vida”. 

Pensé que si cada mañana nos tomáramos un momento para hacer esta declaración de amor hacia nosotros mismos/as, mirándonos en un espejo con cariño y con auto-compromiso, el día sería totalmente diferente. Y esto no tiene nada que ver con el orgullo o el ego, lo supera porque parte desde el amor hacia el amor. Es decir, si no somos capaces de querernos, respetarnos, aceptarnos y cuidarnos a nosotros mismos, nos desgastaremos mucho intentando complacer a los demás buscando, puede que de manera inconsciente, ese amor que tanto necesitamos…

Te propongo un reto:

1. Haz una lista de cosas que ya haces para cuidarte y quererte cada día.

2. Haz otra lista de cosas nuevas que podrías hacer a partir de ahora y con el mismo fin de cuidarte. Esta la podrás ir ampliando cada día.

3. Coge tu smartphone y grábate a ti mismo/a la frase que encabeza el artículo:“Prometo amarme, respetarme, aceptarme y cuidarme desde hoy y para siempre, todos los días de mi vida”.  ¡Sí, quiero! Así podrás escucharte a ti mismo/a en cualquier momento del día y con tu propia voz, recordando y reforzando el compromiso que has tomado.

4. Cada mañana, mediodía o noche, toma unos segundos para mirarte al espejo con AMOR y aceptación diciéndote a ti mismo/a la frase.

5. Haz estos tres últimos pasos (puntos 2, 3 y 4) durante al menos 21 días seguidos para convertirlo en un hábito.

Puede parecer sencillo, pero te aseguro que si lo llevas a cabo mejorarás tu autoestima.

¿Quieres? ¡Yo, Sí, quiero!

Alberto Rodrigo

 

 

Dime con quién hablas y te diré como te comportas

O quizás también podría haberlo titulado “Dime a quién y qué escuchas y te diré como te comportas” Obviamente habréis podido deducir rápida y fácilmente de dónde he “robado” esta idea, y sí , es del famoso refrán de “Dime con quién vas y te diré quién eres“. Pero no quiero enrollarme más justificando el origen de lo que quiero compartirte hoy, así que vamos al grano.

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Está claro que hemos sido diseñados con, no sólo la capacidad de comunicarnos, sino con la necesidad de ello. Cuando estaba formándome en Programación Neurolinguística aprendimos algo que me llamó mucho la atención y que enseguida resonó en mí, y era lo siguiente – No podemos no comunicar-, es decir, que siempre estamos comunicándonos, con o sin palabras, y yo añadiría con o sin gestos.

Soy de los que cree que aparte del lenguaje o comunicación verbal y no verbal, existe la comunicación energética, espiritual, o para que me entiendas mejor, eso a lo que a veces llamamos química o feeling, y que trasciende lo audible y lo visible. Algo que está dentro y fuera de nosotros, y que de alguna manera trasmitimos sí o sí. Algunas personas tienen más desarrollada la capacidad de percibirlo (intuición) que otras, pero no quiere decir que no exista. Porque somos seres físicos, emocionales y espirituales.

Por eso es tan importante no sólo el cómo, sino con quién, y hasta dónde nos comunicamos. Pero vamos por partes. Lo primero que me gustaría hablar es dialogointernodel dialogo interno. Esto es todo aquello que nos decimos a nosotros mismos y en ocasiones las 24 horas del día. Esa vocecilla interior que nos habla, a menudo son varias a la vez, como si habláramos nosotros con nosotros mismos, con nuestra conciencia, con nuestro ángel de la guarda o con nuestro demonio más feroz. Espero que a estas alturas sobrará decirte que me estoy refiriendo en términos metafóricos y no tanto en creencias sobre el bien y el mal… Alguien dijo una vez que somos el resultado de lo que pensamos, lo que creemos y lo que comemos. Y si desarrollamos un poco estos tres conceptos, puedo decir que encuentro bastante razón en esta afirmación, por muy simple que pudiera parecer. En este artículo me enfocaré en los pensamientos, lenguaje, comunicación, y dejaré el tema de las creencias y de la alimentación ahí aparcadas para otra ocasión.

Lo que pensamos puede potenciarnos, limitarnos, lanzarnos, paralizarnos, aliviarnos, enfermarnos, curarnos, boicotearnos…. y así podría seguir con más y más verbos; pero la idea es que puede llevarnos a lo positivo o a lo negativo. Usaré este termino de “negativo” hoy y sin que sirva de precedente, como excepción, ya que no me gusta y creo que en la mayoría de los casos podemos sustituirlo por otro más acertado. Pero hoy nos vale…

Por eso es tan importante el diálogo interno, y posiblemente sea el más complicado y a la vez sencillo de transformar, ya que no depende de otros, está en nosotros mismos y no nos podemos escapar de él aunque quisiéramos. Así que es importante cuidar mucho aquello que nos decimos a nosotros mismos, y también aprender a dejar pasar o disolver esos diálogos internos que nos llevan a toda la parte negativa de la que hablaba anteriormente. ¿Cómo? Hay varios métodos, la meditación, el enfoque, la repetición de afirmaciones positivas, observar dichos pensamientos y disociarse de ellos para dejarlos pasar, la lectura positiva, la oración

Hasta ahora os he comentado acerca de “hablar con nosotros mismos“. Pero, ¿deberíamos seleccionar con quién debemos o no comunicarnos y cómo? Yo creo que sí, quizás la palabra seleccionar no sea la adecuada, mas bien diría elegir libremente con quién queremos hablar, cómo, y dónde; porque toda esta comunicación de alguna manera va a llegar a influir en nuestro comportamiento, hábitos y hasta carácter. Es verdad que hay “comunicaciones no elegidas“, es decir, no puedo elegir quién es mi jefe, mis compañeros de trabajo, familia, etc. Son personas que están en mi entorno, forman parte de mi vida y que yo no elijo. Eso sí, puedo decidir la manera, el tono, la duración y hasta conseguir, que si hay alguien que va a influir en esta comunicación, sea yo y no el otro. Y no me refiero desde el ego de pensar que yo soy mejor que el otro, sino que cuando claramente sepamos que es un tipo de persona con la que no conectamos bien o una comunicación complicada, podamos darle la vuelta, no juzgar, empatizar, casi hasta hipnotizar a la otra persona con nuestro tono, mirada, energía… siempre desde el AMOR.

En la actualidad, muchos de nosotros nos relacionamos bastante a través de las redes sociales, y esto que estás leyendo es un buen ejemplo, me estoy comunicando contigo según lees este artículo. Pero hablando más concretamente de canales como Facebook, whatsapp, twitter, etc… al final somos cada uno de nosotros los que elegimos quién queremos que sea nuestro “amigo/a” y aquello que queremos contar y mostrar de nosotros, sea o no real. Es como un juego, pero es un tipo de comunicación también.

Posando los pies en la tierra, hablemos de los encuentros y amigos/as a los que vemos en carne y hueso, aquellos con los que quedamos para tomarnos un café, una caña, o invitamos a nuestras casas a comer o a cenar. Creo que aquí la elección y el tipo de comunicación es clave. Es en este lugar dónde quizás se cumpla más la sentencia de “Dime con quién vas y te diré quién eres“. Porque todos formamos parte de múltiples sistemas (familiares, laborales, sociales, etc…) e influimos los unos en los otros, por esa necesidad que tenemos de sentirnos parte de un grupo, de tener o ser referentes, porque hemos sido creados para comunicarnos.

Para terminar, me gustaría proponeros un ejercicio que puedes hacer ahora mismo. Venga, no te preocupes que te espero, coge papel y boli que empezamos cuando estés listo/a. ¿Ya?, pues allá vamos. Te invito a que hagas una lista de lo siguiente:

  • Tus pensamientos más recurrentes. Tus diálogos internos. ¿Qué es lo que te dices a ti mismo/a? ¿Con quién o qué hablas en estos diálogos y de qué?
  • Personas a las que ves diariamente, semanalmente o mensualmente y que son relaciones no elegidas. ¿Cómo son este tipo de relaciones? ¿Qué podrías hacer para mejorar la comunicación con ellos/as?
  • Tus amigos/as preferidos, aquellos con los que quedas por placer, y también para compartir las “cosas” de la vida. ¿Qué te aportan? ¿Qué crees que les aportas? ¿Añadirías a alguien más? ¿Crees que no das abasto, o por el contrario te sientes sólo/a?

Bien, no te voy a pedir que hagas una lista de tus “amigos desconocidos” de las redes, pero sí te propongo que de vez en cuando hagas limpieza y veas a quién te interesa o no seguir.

Por otro lado, y en este mismo papel o cuaderno, intenta hacer una instantánea de ti mismo, dibuja algo que de alguna manera te defina hoy, aquí y ahora. Puedes utilizar lápiz, diferentes colores, tómate el tiempo necesario y sobre todo no te juzgues porque creas que no sabes dibujar o por cómo te esté quedando. Una vez terminado, observa, medita y reflexiona acerca de lo que ves.

Hoy no voy a intentar darte las 10 claves para tener los amigos ideales, o 12 puntos indispensables para una buena comunicación, simplemente con que el ejercicio te sirva para conocerte mejor a ti mismo/a y saber cómo quieres ser y con quién quieres formar un círculo de influencia, ya me es suficiente.

Te dejo también, la semillita que te comentaba al principio, y es que “No podemos no comunicarnos” y que existe el lenguaje verbal, no verbal (ese que nos delata con nuestros gestos), y el espiritual o energético (aquello que trasmitimos de nuestra esencia y con tan sólo nuestra presencia). Piensa acerca de ello, medita, reflexiona… ahora puedes seguir escribiendo tú en tu cuaderno.

Ha sido todo un placer comunicarme contigo. ¡Otro regalo que nos da la vida!

Alberto Rodrigo

coge mi mano…

Por regla general me gusta poner el foco en todo aquello que me hace sonreír, que me levanta de la cama, aquellas pequeñas o grandes cosas que me aportan felicidad, bienestar… y créeme que son muchas. Uno de los comentarios que más a menudo hacen aquellos que me conocen bien es que soy muy positivo, o que parece que todo lo veo de color rosa y multicolor. Como si no fuera consciente de las cosas desagradables, duras o difíciles que a veces nos rodean o nos tocan vivir incluso en mis propias carnes. Por su puesto que lo soy, pero he de decirte que también me ha tocado pasar por valles muy oscuros, sombríos, donde las montañas eran tan altas que ni mirando hacia arriba o hacia el frente era capaz de percibir un ápice de luz. Pero yo seguía caminando, no quedaba otro remedio (o sí, aunque mi decisión era clara: confiar y avanzar hasta el final), seguía caminando y aprendiendo en mi subconsciente que lo más importante es el Amor y la Luz que nos rodea y que cada persona tenemos la capacidad de trasmitir. Experimentando la mano de un Dios real que me acompañaba y acompaña en el camino. Algunos de vosotros lo llamaréis energía, universo, vida… da igual.

Sea como sea, cuando estás en la más posible soledad humana, tras una ruptura dolorosa, un rechazo devastador, o en la UCI sintiendo que tu cuerpo físico vale muy poco, que es tan vulnerable, débil… o cuando éste cuerpo ha sido manipulado y literalmente cortado, tras una intervención altamente invasiva, es cuando sientes todo esto y te sientes hueco, solo, cansado, débil, y sí, triste, muy triste, por qué no decirlo.

Entonces es cuando notas cómo alguien coge tu mano, y te acompaña a través del dolor, del sufrimiento, de la soledad. Y te das cuenta de que todo tiene un sentido, que algo interior se despierta y te hace entender que hay algo más. Es entonces cuando entiendes el significado completo de lo que es un amanecer, uno de esos que has visto cualquier mañana de primavera o verano y que te han hecho sentir algo indescriptible… y que ahora cobra sentido. Es entonces cuando te das cuenta de por qué lloraste aquella vez que viste ponerse el sol en ese maravilloso rincón de la isla de Ibiza (o cualquier otro lugar especial para ti). Cuando encuentras el propósito, tu identidad, tu esencia y la misión para tu vida. Y una pasión envuelve todo tu cuerpo físico y hasta tu alma, siempre de su mano, llevándote al hogar, al lugar dónde quieres estar: Un espacio real y a la vez mágico de quietud, de descanso, de paz, de alegría, de sentido, en el que comprendes que TODO ESTÁ BIEN.

Al.

Alberto Rodrigo

(Te invito a ver este vídeo de Beyonce y poner melodía a lo que acabas de leer)