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trece (relato)

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Jorge sube por las escaleras automáticas del aeropuerto de Madrid Barajas, un aeropuerto prácticamente vacío a esas horas, es medianoche y está esperando a embarcar en un vuelo para México DF. Extraño domingo. Horas antes se encontraba cantando en el altar de una iglesia en un lugar algo remoto de una Cantabria especialmente gris y lluviosa, lo normal para un trece de diciembre. Su mejor amigo le había pedido cantar en el bautizo de su primer bebé, la canción “Me abandono a ti”. Curioso título para enmarcar lo que está a punto de vivir, un abandono en todos los sentidos de la palabra.

Nada más terminar la misa y tras picar lo que le da tiempo, conduce hacia el aeropuerto de Santander acompañado de sus dos compañeros de camino, un trío destinado a romperse en pedazos, tantos pedazos como los que han quedado en el corazón roto de Jorge. Más que una despedida, es un abandono inconsciente. Pero Jorge es consciente de que algo está muriendo, lo que no sabe es que es la puerta para un nacimiento que en esos momentos es incapaz de imaginar.

No quiere hacer el viaje, un vuelo largo, un viaje solo hacia una gran mentira que le servirá para descubrir una gran verdad. Se siente estafado por adelantado y enfadado consigo mismo por no tener el valor de romper la tarjeta de embarque, mandar todo a tomar por culo y quedarse en Madrid. Parece que la ciudad escucha su deseo, pues años más tarde esa ciudad adopta, acoge y casi adora a un Jorge completamente reinventado…

Duerme durante todo el vuelo ayudado por un Miolastán y todas las cervezas que ha ido pidiendo más un vino tinto Cune, líquidos para ahogar y teñir un alma agotada, un corazón machacado, una pasión mutilada y unos sentimientos imposibles de interpretar. -Duerme Jorge, duerme, vuela Jorge, vuela-.

Aterriza en un país en el que ya había estado antes para dar conciertos, pero esta vez no viene a cantar, viene a contar y sobre todo a escuchar y observar lo que los “expertos” tienen que decir sobre algo de lo que no tienen idea alguna, aunque logren convocar a más de mil personas para hablar del tema. Jorge lo sabe, su intuición no le falla, antes de iniciar este viaje algo le decía insistentemente que no tenía que hacerlo. -¿Por qué no te escuchas Jorge? No te preocupes, en un par de años empezarás un máster sobre cómo escuchar no sólo a tu corazón, sino a tu alma y a tu cuerpo.-

Siempre ha sido buen observador y con una capacidad innata para discernir intenciones, ver más allá de lo visible y escuchar más allá de lo audible. Ahora sí que sí, se acabó la función. -Piensa y determina Jorge.-

A la mañana siguiente pasea por el Paseo de la Reforma una de las avenidas principales de México DF camino al barrio de la zona rosa. Se da cuenta de que se ha quedado sin crédito, todas sus tarjetas se han borrado a causa del imán que cierra el bolso en el que lleva la cartera. ¿Y ahora que hago? Jorge siempre se crece ante la adversidad, por lo que tras algunas llamadas, visita a un par de bancos, su carita de bueno y su poder de convicción, consigue el dinero necesario para anestesiar los días que le quedan en esa, hoy más que nunca, extraña y peligrosa ciudad. Pero Jorge nunca tiene miedo cuando se debería tener, sólo lo tiene cuando no conecta con el amor, y a pesar de todo lo que está viviendo, se siente muy amado y como si estuviera sobre algodones rosas.

Lleva ya más de cuatro años viajando en tren de Torrelavega a Madrid, no sabe muy bien si vive en el lugar de origen o en el de destino, porque cuando se trata de la vida, ésta tiene mucho más que ver que con el lugar en el que uno está empadronado y tiene su cepillo de dientes. Pero lo importante es que vive, no sobrevive, vive… ¡y cómo vive!

Suele coger el tren de las siete y veintinueve de la mañana que sale de Torrelavega sin estar muy seguro de si va o vuelve. Lo primero que hace es dormir con los auriculares bluetooth puestos escuchando a todo volumen sus canciones favoritas en Spotify. Cuando despierta se mide la glucosa y va al vagón-cafetería para regalar una sonrisa al personal y regalarse un café con leche mientras contempla el paisaje a través de la ventana. No importa si hace sol, llueve, nieva o está cubierto de niebla, Jorge a menudo se emociona ante las vistas, la conexión que siente con Dios y el profundo sentimiento de gratitud que le invade.

Justamente un mes más tarde de ese primer trece de diciembre llega otro trece, el de enero, día en el que conoce a Nahi , el amor de su vida.

Han pasado trece años desde aquel primer trece de diciembre y hoy, que también es trece de diciembre. Jorge no cree en las casualidades y crea las causalidades. Se encuentra regresando de Madrid y al tomar su café y ver la niebla de los campos castellanos se le empañan sus ojos, no es tristeza, es alegría, paz, amor y gratitud.

Hay números aliados que marcan nuestras vidas, también hay colores, lugares, personas, canciones que lo hacen, sólo es necesario observar y creer. Por eso Jorge cree que lo que V1V3 cada día es un auténtico milagro.

© Alberto Rodrigo 2018