Programa 84: “Cuestión de actitud”. Entrevista a Ramón Martínez

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¿Por qué hay diferentes personas que ante idénticas circunstancias actúan, reaccionan y obtienen resultados completamente diferentes? ¿Qué es lo que marca la diferencia?

Ocurre, incluso, que personas del mismo perfil afrontan y navegan por aquello que les pasa de manera muy distinta; unas obtienen un aprendizaje y crecimiento personal, y otras sin embargo se hunden, entran en el victimismo y se echan tierra sobre sí mismas.

Es principalmente una cuestión de actitud, que sin duda estará también conectado con un tema de personalidad, creencias, vivencias, habilidades, etc. Sin embargo creo que la actitud es la clave, independientemente del resto de los factores. Una actitud que lleva a tomar una interpretación de lo que está sucediendo desde la gratitud, la confianza y la seguridad de que todo tiene un para qué.

La actitud tiene que ver con una manifiesta disposición del ánimo y también con una postura corporal. Ambas interactúan entre sí. Una buena postura corporal, o un cambio de postura tendrán un efecto sobre nuestro ánimo. Por ejemplo si por lo que sea te sientes triste o cansado, prueba a poner una sonrisa en tu cara, y sin tan siquiera mirarte al espejo, tu cerebro empieza a registrar un cambio de emoción que puedes alimentar o bloquear.

La actitud también afecta en la manera que interpretamos las cosas que suceden y el lugar donde ponemos el foco. No existe una única realidad, existen infinitas, la cuestión es que definimos y hasta a veces nos imponemos o dejamos imponer por una interpretación que suele ser fatalista, dramática y distorsionada. Esto a veces ocurre por inercia, porque estamos acostumbrados a hacerlo así, pero en otras ocasiones porque es lo que vende, el sensacionalismo que pasa por alto la belleza de lo sencillo y acentúa una parte de la historia que no es ni el todo ni el final del capítulo.

Entonces, ¿cómo podemos mejorar nuestra actitud si no nos nace de manera natural tener una actitud positiva? Te propongo varios caminos:

  • A través de un cambio de postura, gesto o incluso acción. Salir a dar un paseo, sonreír, abrir el pecho, respirar de manera consciente, etc.
  • Cambia el foco. Permítete cuestionarte la corriente de pensamiento general, piensa en algo más grande, permítete ser receptor y canal de otra manera de pensar. Mirar las cosas desde otro ángulo, otro lugar, para poder tener una interpretación que te acerque al para qué en vez de al por qué.
  • Da gracias, la gratitud siempre genera en nosotros un estado de ánimo en niveles más profundos. Piensa en cosas por las que puedas dar gracias, por sencillas, cotidianas o ridículas que te parezcan. La gratitud es como un desinfectante de la queja, el pesimismo y la falta de aceptación.
  • Confía, la confianza tiene que ver con la esperanza, con creer que es posible, con una seguridad personal, con el ánimo que nace de algo que va más allá de lo que nuestros ojos ven en estos momentos.

Entrevistamos al escritor y activista Ramón Martínez, escucha aquí el programa:

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Programa 83: “En esa extraña piel”. Entrevista a Alejandro Dorado

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Es muy importe el lugar dónde habitamos, no sólo el hogar físico sino nuestro propio cuerpo y nuestra piel como algo que nos envuelve, nos protege, pero que quizás también nos condiciona. En ocasiones nos sentimos extraños, como un contenido extranjero en su continente, rodeados de un entorno (piel) extraña.  ¿Te has sentido alguna vez así?

Es cierto que no elegimos nuestro cuerpo, nuestro género ni nuestra orientación sexual, sencillamente nos lo encontramos, nos es dado, regalado. En nosotros está cuidarlo, acogerlo, mimarlo, descubrirlo, abrirnos a los cambios, fluir con la constante evolución de lo que somos y de lo que vamos creando. Poseemos alrededor de 200 tipos diferentes de células, de las cuales varios tipos de ellas se regeneran con cierta frecuencia, pero no todas lo hacen, y las que lo hacen no lo hacen al mismo tiempo.

Llega el verano y a los que nos gusta el sol y la playa o la montaña nos protegemos con diferentes factores de sensibilidad para no quemarnos o para no dañar seriamente nuestra piel. Si tomamos esto como metáfora podríamos aplicarlo a situaciones y hasta personas en la vida que nos deslumbran y ante las cuales sería bueno protegernos de alguna manera sin dejar de disfrutar de ellas.

Una buena manera de protegerse, quizás la mejor, es la auto-aceptación, amarse a uno mismo con pasión, con dedicación, con ternura, dedicándonos el tiempo necesario para sentir, jugar, divertirnos, descansar, etc. dando la prioridad a nuestro ser.

Es, precisamente en esto, en lo que más solemos fallar cuando nos metemos en un tren de vida lleno de retos, expectativas, metas que alcanzar, trabajos por realizar, proyectos, etc. Cosas que van mermando nuestro cuidado personal y la perspectiva de que somos seres espirituales, físicos y emocionales, y no meramente maquinas o ejecutores de “las cosas que hay que hacer”.

Cuando esto ocurre, vamos perdiendo conexión con nosotros mismos y nos sentimos extraños, ya no sólo en el entorno, sino incluso dentro de nuestra propia piel.

Te sugiero que tomes un tiempo para cuidar tu piel, no sólo la física, sino la emocional. Acariciarte a ti mismo, despacio, abrázate, haz cosas que realmente te hacen sentir bien y que quizás por las prisas no las haces. Agenda esto en tu vida, dedica un tiempo para ello y empezaras a reconocerte dentro de ti. Tendrás el poder de elegir quién quieres ser, cómo quieres vivir, sin que nada ni nadie te marque las pautas o las normas, ya que cada ser humano es único y no entiende de géneros, ni de números.

Toma tiempo para escucha tu voz interior.

Entrevistamos al actor Alejandro Dorado, que interpreta el monólogo “La voz hermana” y que nos aportará más luz sobre todo esto.

Escucha el podcast aquí:

Programa 82: “Vivir en la nube”. Entrevista a Toño Penedo

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¿Hasta dónde vamos a llegar en el avance tecnológico en el que nos encontramos? ¿Estamos cada vez más conectados o por el contrario estos avances nos desconectan de la vida “real? ¿Está cambiando el paradigma en cuanto a cómo nos relacionamos y cómo recibimos y procesamos la información?

En las últimas dos o tres décadas hemos vivido un desarrollo tecnológico vertiginoso que nos ha llevado a cambiar nuestros hábitos y necesidades. No hace tantos años que los dispositivos móviles e internet no existían. Cuando aparecieron los primeros teléfonos móviles eran para eso, para hablar por teléfono sin cables desde cualquier lugar, todo un avance revolucionario. Internet asomaba apenas y se usaba en las empresas con un funcionamiento muy lento pero que hacía revolucionar el mundo de la comunicación y favorecía la globalización.

En pocos años los dispositivos móviles se usan para casi todo menos para hablar a través de ellos, existen infinidad de aplicaciones que nos hacen la vida mucho más fácil y que nos permiten darle un uso que parece no tener límites y que cada vez se amplía más.

Todo ello hace surgir el mundo de las redes sociales, facebook, twitter, instagram, etc. Parece que si no tienes una cuenta o perfil en una de ellas, o mejor dicho en todas, no existes. Y en realidad es así, si no estás en las redes, no estás en la nube, no estás accesible ni abierto al mundo actual. Y todo esto no es algo malo, de hecho es una herramienta increíble y casi imprescindible para poder estar visible a nivel profesional y de ocio, abriendo un mundo de posibilidades impresionante, y por qué no decirlo, facilitando mucho la vida a la hora de poder estar conectados.

Sin embargo corremos el peligro de sobredimensionar todo este avance o darle un uso en el que pasamos de ser algo que nos sirve a nosotros, a estar nosotros bajo su servidumbre y tiranía, restándonos el tiempo para vivir experiencias, para relacionarnos físicamente con los demás.

Y no voy a detenerme mucho en el tema de la seguridad de la nube, de lo que implica estar geolocalizados constantemente y ver como las redes estudian nuestros comportamientos, los lugares que frecuentamos, nuestras preferencias, los lugares y cosas que nos gustan.

Pero no es lo mismo vivir en la nube que vivir en las nubes. Vivir en las nubes es todo aquello que podemos hacer más a menudo para disfrutar libremente de nuestros sueños. Aunque hasta ahora esta expresión de vivir o estar en las nubes ha tenido un significado negativo de estar disperso, o de no tener los pies en la tierra, sin embargo creo que vivir en la nube (en singular) puede desconectarnos mucho más del aquí, del ahora, del presente.

Te propongo algo mejor que vivir en la nube: pon tu móvil en modo avión un rato cada día y echa a volar tu imaginación, vuela y aterriza en esta maravillosa VIDA.

Para hablar de todo esto entrevistamos a Toño Penedo, escucha aquí la entrevista:

 

Programa 81: “¿Meta o camino?”. Entrevista a Elena Sánchez de LBTBIpol

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¿Qué es lo más importante en una carrera, llegar a la meta? ¿Podemos llegar a perdernos cosas importantes por tener nuestra mirada fijada en la meta? Es más, ¿podemos llegar a perdernos la vida mientras vamos hacia la meta?

En el ámbito del coaching y el crecimiento personal se pone mucho énfasis en marcarse objetivos, metas que alcanzar y tomar acción para conseguirlas. Creo que es importante hacerlo y yo mismo me marco objetivos que me motivan, que me dan propósito y que están enmarcados dentro de mi misión. Sin embargo, también me he visto perdido en la obsesión, la energía y el esfuerzo por llegar a alcanzar esa meta. Me he dado cuenta que me estaba perdiendo el hoy, el aquí, el momento presente, o al menos no estaba siendo consciente, y al no serlo, no disfrutaba del recorrido. Es por eso que es necesario dar importancia al camino. El camino es tan importante como la meta, una meta en la que nos perdemos el trayecto nos puede llevar a un vacío, a tener que volver a marcar otra nueva de manera casi adictiva porque no hemos estado presentes, hemos estado “futuros”.

Me gusta mucho viajar en tren, ya que me permite percibir el recorrido, los paisajes de transición, además de vivir y disfrutar de cada momento. Cuando viajo en tren lo importante no es que tenga que llegar al destino a una hora concreta, elijo mirar por la ventana o cerrar los ojos, sentir, saber que el camino es importante. A veces en esos viajes me ha llegado la inspiración para algo importante, tanto que mirándolo con el tiempo me he dado cuenta que lo más importante de ese viaje no fue lo que tenía que hacer al llegar, sino lo que el camino me fue enseñando y revelando.

Entonces, ¿qué es mejor, el camino o la meta? No hay nada mejor ni peor, más bien tiene que ver con cómo nos marcamos esas metas, qué significan para nosotros, cómo hacemos el recorrido, si somos conscientes de la importancia de transitar tanto como de llegar a un destino o de alcanzar una meta.

Otra idea que podemos adoptar, tal y como propone el filósofo Osho, es que camino y meta son una misma cosa.

“Dondequiera que estoy es mi meta, lo que quiera que soy es mi meta. En el momento presente, toda mi vida converge en mí, no tengo otro lugar a donde ir. Por consiguiente, debo celebrar este momento en su totalidad“.

Esta idea nos lleva a vivir de manera armónica, espontánea, orgánica y presente, palabra que, por cierto, también significa regalo.

Hoy nos visita Elena Sánchez de LTGTBIpol, una asociación compuesta por Policía y Guardia Civil sensibilizada con las víctimas de delitos de odio en el ámbito LGTBI que atentan contra la diversidad. Descúbrelos a través de la entrevista:

Programa 80: “El arte de transformarse”. Entrevista a José Ignacio Galán: Nacha la Macha

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¿Qué significa transformarse? ¿Debemos estar en continuo cambio y evolución? ¿Cuántas vidas diferentes podemos vivir? ¿La capacidad de transformarse es un arte?

Transformarse es cambiar de aspecto, de forma, de estado de ánimo, etc. Es pasar a ser alguien. Estamos en constante evolución y cambio, nuestras células se regeneran, cambiamos nuestra manera de pensar dependiendo de las experiencias vividas, los aprendizajes, las crisis… todo ello nos abre al cambio. También cambiamos de aspecto, a veces de manera natural sin buscarlo necesariamente y otras a propósito y de forma intencionada. Cambiamos nuestro estilo, nuestra manera de vestir e incluso nuestro comportamiento. Hemos sido creados con la capacidad de transformarnos y esto se puede considerar un arte y también un regalo. En realidad, podemos vivir varias vidas en una sola y en ocasiones vidas muy contrastadas y diferentes. Todo ello suma, aporta y nos permite experimentar, aprender y disfrutar.

“Sin embargo, a veces tenemos miedo a los cambios, aun cuando no estamos satisfechos con nuestro estado actual. Lo que pasa es que sabemos estar en él y comportarnos de manera que nos sugiere cierta seguridad. Es la famosa “zona de confort”, que nos puede llegar a encarcelar y no ser capaces de hacer todo aquello que somos capaces de hacer, o lo que es más importante, aquello a lo que hemos sido llamados a hacer”.

La transformación continua, es decir, el reinventarse a uno mismx es la mejor manera de descubrir qué es lo que queremos y lo que no, de saber quiénes somos realmente y quiénes queremos ser.

Entonces, ¿qué es lo que nos impide abrirnos al cambio? Como ya se dijo antes, el miedo es una de las razones principales, pero no la única. Nosotros mismos somos nuestros principales saboteadores. La pereza, la inercia, la mediocridad, el conformismo, la falta de ilusión, el no creer en nosotros mismos o la rutina son cosas con las que tenemos que lidiar. Lo primero es reconocerlas y aceptarlas, para después tomar acción, responsabilidad, coraje y lanzarnos a abrir nuevas opciones siendo nosotros mismos pero diferentes, o mejor dicho, diversos.

En programación neurolingüística se  estudia que en el pico del iceberg, en la parte que se ve sobre la superficie, están los cambios “remediativos” que afectan al entorno, el comportamiento y las conductas. Después, justo debajo de la superficie están los cambios “generativos” que influyen en las capacidades, las creencias y los valores. Y finalmente, en la base del iceberg tienen lugar los cambios evolutivos, dónde están la identidad y la transpersonalidad, por lo que si queremos transformarnos es necesario acceder a esta parte más profunda.

Hablamos con José Ignacio Galán, actor, cantante y transformista español creador de Nacha la Macha quién nos cuenta su experiencia personal y profesional. Escucha aquí el podcast con la entrevista:

Programa 79: “Heridas para encontrarse”. Entrevista a Pablo López

ff¿Por qué a mí? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿De aquí cómo se sale? ¿Voy a ser capaz de recuperarme y superar lo que me ha pasado?

Nos hacemos estas y otras preguntas cuando atravesamos alguna crisis, nos ocurre algo que consideramos “malo” o negativo, esas cosas que nos duelen, que son traumáticas, como puede ser una enfermedad, un despido, una ruptura sentimental, etc. Estas heridas que nos vamos haciendo inevitablemente en nuestro paso por la vida, son heridas que, por supuesto no hubiéramos elegido y que no desearíamos, pero de las cuales podemos sacar el valor que tienen para nuestro crecimiento personal. A partir de ellas somos capaces de formarnos como personas y desarrollar una sensibilidad, una sabiduría y hasta una paz interior que sobrepasa todo razonamiento humano.

Cuando nos encontramos en ese proceso o incluso durante el duelo, la clave está en ser capaces de darles el valor que se merecen, y en vez de querer eliminarlas o negarlas, tomarlas como un regalo. Si hacemos esto, si las traspasamos, si somos capaces de trascender a las circunstancias que están ocurriendo, seremos capaces de vivir una vida con propósito, más plena y ayudar a otras personas. Nos servirán para cambiar la manera de entender el mundo y de interpretar eso a lo que llamamos “realidad”, así como de darle un sentido nuevo a la vida que quizás antes no teníamos.

Estas heridas, cuando son bien atendidas y curadas, cuando se les da el espacio y el tiempo adecuado para sanarlas, no desde el victimismo, la pena o el derrotismo, sino desde la aceptación, la confianza y la esperanza de que hay algo bueno en todo ello, serán nuestras mejores aliadas para continuar nuestro camino y quizás darle un sentido a la vida que antes no teníamos.

La pregunta ¿por qué? no nos conducirá a nada productivo, más bien añadirá más frustración y bloqueo a la situación que vivamos. Pero si conseguimos conectar y descubrir el para qué, la misión que se esconde en todo este proceso, descubriremos un gran tesoro de vida que es imposible de comprar ni de aprender en ninguna escuela, más que en la escuela de la propia experiencia.

Y todas estas heridas lo que realmente es acercarnos a nosotros mismos, a encontrarnos con la persona que somos realmente, con esa autenticidad, esa misión, esa integridad que parte desde el sentirnos rotos y rotas.

“El amor con mayúsculas está cerca de aquellas personas que están hechas pedazos y que han perdido la esperanza”. Porque aunque sea clave tener esperanza para superar y sanar las heridas, también es importante permitirse perder la esperanza y sentirse hechos pedazos para poder recuperar esa esperanza y recomponerse desde la más absoluta fe en ese amor.

Nuestro invitado de hoy, Pablo López, es psicólogo con varios años de asesoramiento al colectivo LGTB en la Fundación Triángulo y además es presidente de Educadiversa. No te pierdas el podcast de hoy con su entrevista:

Programa 78: “… o lo que surja”. Entrevista a Susanna Sánchez

AD321E83FA1B43BAB0139088C120C96B¿Eres de los que te gusta quedar para tomar algo… o lo que surja? Esta expresión se utiliza de manera habitual en las citas a ciegas o cuando queremos ligar o ir más allá de la amistad, tienen un contenido de seducción, de fantasía, de tantear la reacción de la otra persona y ver si lo que puede empezar como una simple cita puede conducirnos a algo más en el terreno afectivo y sexual.

Me gustaría usar esta idea para desarrollar un tema que nos incumbe a todos de alguna manera, independientemente de nuestro género y de nuestra orientación sexual.

Me refiero al hecho de vivir con esa apertura a fluir con aquello que surja. No me refiero tanto a la idea de ir a la deriva sin rumbo ni control, pero sí a dejarnos llevar por el timón de la confianza de que todo lo que acontece tiene un “para qué” y una finalidad que nos conducirá a lo mejor.

En muchas ocasiones me encuentro planificando todo, vivo anticipadamente organizando el día de mañana, la semana que viene e incluso los meses que están por venir o hasta el año entero. Y no hay nada malo en ello, de hecho es hasta necesario debido al formato social en la que nos movemos. El problema está cuando no nos damos el permiso a salir de lo que nosotros mismos nos hemos marcado, cuando no dejamos espacio para lo que surja.

Así que la próxima vez que digamos esta expresión de “… o lo que surja”, preparémonos para  que así sea.

¿Pero cómo podemos hacerlo? Os sugiero algunas ideas:

  1. Creer en el poder de la palabra. Cuando decimos algo, tiene un poder significativo. Cuidemos nuestro lenguaje y usémoslo a nuestro favor.
  2. Mantener la expectación. Cada día es nuevo y puede ser diferente, si estamos expectantes, estaremos más abiertos a percibir lo que surja.
  3. Ser flexibles. No sentenciarnos a los planes establecidos, permitir los cambios de planes y acogerlos con ilusión.
  4. Cultivar la intuición y la sensibilidad para ser capaces de ver donde quizás otros no vean.
  5. No siempre lo que surja será aquello que queremos hacer, y no tenemos por qué hacerlo. Somos libres para elegir.
  6. Mantener una actitud de aprendizaje constante. Si creemos que lo sabemos todo, no nos daremos la oportunidad de aprender cosas nuevas.
  7. Asumir nuestra responsabilidad. No es lo mismo dejarse llevar por la corriente que elegir fluir con una corriente elegida.

Teniendo todo esto en cuenta verás que lo que surja puede ser lo mejor que te puede pasar, mientras tanto sigue haciendo planes y que uno de ellos sea abrirte a lo que surja.

Entrevistamos a Susanna Sánchez quién nos hablará de su trayectoria personal y profesional para ayudarnos a desarrollar este tema con detenimiento. Escucha aquí el programa con la entrevista: