Espíritu

Caminamos hacia la primavera y se nota, los días son cada vez más largos, amanece antes, hay más luz y una temperatura más cálida. Va pasando el invierno, tiene los días contados y se esfuman los meses que para algunos son los más fríos y duros del año. Pero es necesario transitar todas las estaciones, las meteorológicas, las espirituales, las del alma. Unas son para que puedan ser las otras, sin noche no hay día, sin luz no hay sombra. Es la luz la que activa y permite que nuestras sombras se vean.

Así que lo que es está bien, también lo que fue y lo que será, siempre y cuando nos mantengamos serenos en la barca de la confianza, dejándonos llevar por el soplo del espíritu.

¿Qué es el espíritu si no fiesta? Es la guinda del pastel, la savia que nutre la vida. No hay vida sin espíritu: fiesta, alegría, comunión, fe, esperanza, purificación, sanación, gracia… estos y otros más bailan al ritmo del espíritu, pero no es un espíritu cualquiera, que va.

¿Qué es el espíritu si no fiesta?

Vamos hacia la primavera, así que es tiempo de abrirse, de empezar a despertar a la vida con espíritu y florecer.

Bienvenido espíritu.

© Alberto Rodrigo. 1 marzo 2022

¿Canal, fuente o manantial?

Hace calor, es verano y aún quedan algunas horas para la puesta de sol.

Al que tiene sed…

Jorge lleva todo el día caminando, que es diferente a pasear, él lo sabe bien, porque cuando pasea, simplemente se entretiene, se distrae, se deja llevar por lo que siente o lo que le apetece, va sin rumbo fijo, sin una misión concreta. Pero hoy Jorge no pasea, camina. ¡Es tan diferente! Porque el camino trae consciencia, hay una dirección y un sentido, hay un propósito, una misión, y sobre todo un aprendizaje, hay vida.

Al que tiene sed…

Jorge lleva toda una vida caminando, se ha encontrado con diferentes intersecciones a lo largo del camino. Ha tenido que pararse, observar, conectar con la fuente, seguir su intuición, escuchar su corazón y elegir, sin más garantía de acertar, que la fe.

Al que tiene sed…

Lleva varias horas caminando, disfrutando del camino y sintiéndose en comunión con él. Pero ya nota como su cuerpo le pide buscar una fuente para beber. Lo ideal sería un manantial donde el agua salga de la roca, de las entrañas de la montaña, agua fresca, cristalina, pura, un agua de vida que no haya sido manipulada por el hombre.

Al que tiene sed…

Cuando bebe de esa agua, se nutre de tal manera que se siente canal por el que fluye el amor, la compasión, la entrega, la gracia, la gratitud, el servicio para los demás. Y no se siente agotado ni abusado, porque él es simplemente, canal. Y a la vez sueña con llegar a ser fuente de la que otros puedan beber. Es muy difícil ser canal, piensa, pero más difícil es ser fuente, se requiere mucha humildad y serenidad para ello. Para ser fuente, de alguna manera es necesario tener presente de manera profunda y constante de que sólo puede serlo cuando está conectado a una fuente mayor. Jorge piensa en todo esto a medida que va caminando en busca de un manantial o aunque sea, de una fuente.

Al que tiene sed…

Y a medida que el calor y el cansancio se intensifican hasta llegar al límite, Jorge se para y se da cuenta de que quizás no sea necesario buscar una fuente, que esa fuente le ha acompañado durante todo el camino y que siempre lo hará… al que tiene sed.

© Alberto Rodrigo. 10 febrero 2022

Pedazos

Cuando un objeto de valor se rompe, por unos instantes se produce un silencio como resultado de la pérdida. Lo que era ya no es en la misma forma, se ha roto en pedazos de diferente tamaño y forma. Se produce una tristeza, un duelo y quizás también una rabia más o menos contenida.

No vuelves a ser el mismo. Ha llegado el tiempo de la restauración, de renovarse… hay que hacer algo con esos pedazos.

Cuando uno se rompe por dentro es necesario entrar en el propio hogar interior para observarse en silencio con una mirada amable y compasiva, con fe y esperanza, para ser capaces de ver una nueva creación.

Es como una antigua casa de piedra en ruinas. Quizás haya que volver a construir los cimientos, unos cimientos nuevos capaces de sostener el nuevo hogar, nuestro templo.

Posiblemente sea necesario poner también nuevas vigas de madera que soporten la estructura, vigas orgánicas, sanas. Y seguramente el tejado necesite ser renovado completamente para proteger el nuevo hogar de la lluvia y las tormentas que nos atraviesan de manera inesperada a lo largo de la vida.

Pero si hay algo que me apasiona, es ver esa montaña de piedras sólidas que antes formaban las paredes de la casa. Cada piedra es diferente y han de ser recolocadas con mimo, dedicación, profesionalidad y con un buen cemento que las una. Es toda una obra de arte, las mismas piedras que fueron, son, y serán la esencia del hogar.

Me gusta pensar que el mejor cemento para dar consistencia a la nueva forma, a la unión, es el espíritu. Sin espíritu no hay vida, no hay creación ni hay verdad. Ese mismo espíritu es el pegamento que también recupera lo que estaba hecho pedazos. Y aunque el proceso resulte incómodo, tedioso, requiera tiempo, implique cambios, paradas, silencios y aceptación, prefiero romperme y renovarme, siendo en esencia, el mismo ser, pero esta vez liberado del pasado, y de su antigua y obsoleta forma.

Me pregunto si es irremediablemente necesario romperse para descubrir nuestra interioridad. Porque quizás no se trata sólo de cuidar nuestro templo, a veces también es necesario hacer una obra de derribo importante, para que desde nuestra propia ruina renazcamos de nuevo.

© Alberto Rodrigo. 9 febrero 2022

Vacío

Ahora creo entender mi vacío y el vacío de este mundo. Hay un sentido, un significado y una razón, son el para qué, el qué y el porqué. Y para entenderlos, de nuevo es necesario vaciarse. No se puede entender el vacío sin antes vaciarse a uno mismo. De la misma manera no existe la vida sin una muerte previa.

No es la muerte el final de la vida, todo lo contrario, la muerte es precisamente la puerta de entrada a la vida.

Perder para ganar, perderse para encontrarse, vaciarse de uno mismo para darse cuenta de quién realmente soy, de cuál es mi naturaleza, mi diseño original. Por ello, me atrevería a decir que es necesaria una auto “violación” de nuestro propio ego, de aquello que pensamos que somos, lo que nos ha ido construyendo, para poder dar con nuestra “virginidad”.

Hay un camino de derribe, de destrucción y de caída para llegar a nuestros propios cimientos, nuestras raíces, nuestra raíz en singular.

Y sí, reconozco que es duro vaciarse, desprenderse, sentirse desnudo de identidad, misión y propósito. Pero es justamente desde ese lugar, en esa desnudez, en ese escalofriante y a la vez reconfortante vacío, donde podemos decir sí a la vida, sí a la luz, sí al camino, sí al silencio, sí al amor, sí a la palabra, sí a lo que es, sí a uno mismo.

Se acabó la innecesaria lucha, ahora abrazamos ese vacío que nos contiene y nos comprende. Y es que sólo una fe inmaculada nos descubre esa virgen que somos y que revela nuestro SER.

© Alberto Rodrigo. 8 febrero 2022

Mamá (maestra)

Finalmente decido volver, volver a casa, al hogar. Pero antes me paso a ver a mamá y hacemos algo que nunca habíamos hecho antes juntos: tejer. Es mágico, al  principio me tiemblan las manos al hacer algo que ella ha hecho de manera magistral durante toda su vida. Me impresiona ver que aún sabe tejer, que se acuerda y que lo sigue haciendo muy bien.

Después, en su cuaderno, dibujo un corazón, un sol y unas nubes, para que ella lo coloree. Parece una niña a sus casi noventa años, es hermosa, tiene luz en sus ojos, y cuando sonríe, es como si se limpiara el mundo. Su mirada no sólo me atraviesa, siento que también atraviesa todo aquello que sucede afuera y que nos distrae. Ve más allá de lo que mis ojos son capaces de ver, y eso hace que mi mirada también se limpie.

No oculta nada en ella, se deja ver, de repente se convierte en mi maestra del contacto visual que tanto me gusta hacer. Esa mirada a la vez contiene dolor, el dolor de toda una vida. El dolor de ser madre, de ser mujer, de haber sido esposa, el dolor del SER. Y es que no hay vida sin dolor. Huimos del dolor, y por lo tanto huimos del ser. Un dolor en su justa medida para hacernos renacer, sentir, creer, crecer, VIVIR.

Y esa sonrisa tierna, infantil y pícara que mamá regala ante cualquier comentario gracioso, o cuando me pongo a hacer tonterías y me observa mientras bailo, canto, salto o hago el bobo. Su sonrisa no tiene precio, no puede tenerlo, porque nada hay tan maravilloso y que me haga tener tanta fe, como es ver la sonrisa de MAMÁ, con mayúsculas.

Y ahora, sentadita en tu sillón junto a la ventana y con mucha dificultad de movimiento, te recuerdo moviéndote por toda la casa sin parar de acá para allá. Limpiando, ordenando, organizando, cocinando, para dejar todo listo antes de ir a trabajar. Maestra, sí, esa era tu profesión y sigue siéndolo, porque sigues enseñándome cosas. Maestra de infantil, ¡qué curioso! Ahora entiendo la importancia de ser como niños para entender lo que significa VIVIR.

Con cierta dificultad, pero con alegría y dedicación, coloreas las tres figuras que he dibujado en tu cuaderno.

¿De qué color pintamos el corazón, mamá? – ¡Pues de rojo!- contesta ella.¿Y el sol? -¡Amarillo!-, afirma.

Le señalo las nubes, le cuesta más contestar de qué color hay que pintarlas. Se queda pensativa y por un momento pienso que su demora en responder no tiene tanto que ver con que no reconozca el objeto que es, (dibujo muy mal), más bien creo que se detiene a pensar en las nubes que ha soportado a lo largo de su vida, en las sombras.

-¡Azul!- dice casi gritando. Debería de ser blanco, pero mamá siempre ha sabido ver más allá de las nubes y ver el azul del cielo iluminado por el sol. Así que pinta las nubes de azul.

Cuando la observo con admiración coloreando esos tres objetos, pienso en la fórmula de la vida: Amar (corazón), es decir, iluminar (sol) nuestro dolor y nuestras sombras (nubes), para llegar a ser aquello a lo que hemos sido llamados y creados.

Antes de marcharme la beso tierna y repetidamente. Le miro de frente, fascinado por su presencia, por su elegancia, su dignidad, su fortaleza, su vulnerabilidad, su alegría y su serenidad. Y me doy cuenta de que no existen las palabras que puedan expresar todo lo que piensa y quiere decir. Es por eso que se las inventa y pronuncia eso que los médicos llaman ecolalias. Así que sólo dices lo que tienes claro y es muy evidente para ti.

Mamá, ¿cómo se llama el tipo de punto que hemos tejido? – ¡Punto bobo! Contesta ella. Y no es que me esté llamando bobo a mí, es que el punto se llama así.

¿Quién te quiere, mamá? – ¿pues tú! – dice en voz alta y riéndose.

Al despedirme me dice – ¿No te importa que no te acompañe a la puerta verdad? – ¡claro que no, te quiero mamá! (para ella levantarse de su sillón y caminar hasta la puerta sería como subir al Everest, y a veces lo hace).

Existe la puerta hacia la vida. Cuando salí de ti no sabía a dónde venía ni para qué coño (nunca mejor dicho) llegaba a este mundo con tu dolor y mi llanto. Pero ahora lo he entendido, creo que estoy aquí para amar, para alumbrar mis sombras y las de otros, para tejer, crear lazos, para unir, reunir, ser comunidad. También para atravesar el dolor con fe y esperanza.

© Carolina (Alberto Rodrigo). 4 febrero 2022

En una tarde de enero

Es tan difícil iniciar algo nuevo y convertirlo en un hábito o incluso en un estilo de vida, como lo es soltar, dejar ir, permitir que llegue la noche o el aparente final de algo que nos ha acompañado durante un largo periodo de tiempo. En ambos casos hay dolor, tanto en el parto como en la muerte.

Damos a luz y morimos varias veces a lo largo de nuestra vida, es parte del proceso natural del cambio, de lo que significa estar vivos. ¿Pero qué podemos hacer para que estos procesos no nos saquen de nuestro centro y nos produzcan dolor? ¿Es irremediablemente necesario el dolor en la vida? Quizás la clave esté en sostener las revoluciones internas y externas manteniendo nuestra esencia y cuidando el ser.

Cuando parece que todo se derrumba, que lo que parecía ser ya no es, lo que estaba ya no está, y sólo quedan las ruinas, las nuestras y las de los demás. Un escenario perfecto para pararse, observar, observarse y CREER que todo está bien, que todo estuvo bien y que todo estará bien. Porque lo que realmente importa no es la estructura ni la forma. Entonces  el continente y el contenido se separan, tomando caminos diferentes, perdiéndose cada vez más en sus propios desiertos, huyendo de sí mismos e intentando buscar una identidad que les dé sentido.

Jorge llevaba años rondándole la idea de tejer como lo hacía su mamá. La recuerda tejiendo bufandas, jerséis, colchas… haciendo verdaderas obras de arte con tan sólo dos varillas, lana, sus manos y una atención plena, mientras el resto de la familia estaba viendo la televisión, jugando, chinchándose o cenando tranquilamente.

Jorge intenta aprender a tejer mirando tutoriales por internet, pero le resulta imposible, necesita de unas manos amigas que le acompañen y que le enseñen a tejer, es decir, a unir en vez de dividir. Así que pide ayuda a Nieves, su querida amiga y vecina. Aunque ya no viven tan cerca físicamente, lo están. El espacio y el tiempo son fácilmente conquistados cuando hay cariño y ganas de compartir, de acercarse, de unir.

Suena el timbre y Jorge abre la puerta, ahí está Nieves. Se miran, se VEN y se abrazan. Ese es su ritual habitual cuando se produce el encuentro. Pero Nieves nunca viene sola, siempre trae algún detalle especial que elige con exclusivo mimo. Esta vez trae una planta y un bizcocho riquísimo bajo en azúcar que ha cocinado ella misma teniendo en cuenta la diabetes de Jorge. Regala vida: la planta. Regala dulzura: el bizcocho. Se regala a ella misma sin saberlo, compartiendo su experiencia y enseñándole a tejer a Jorge.

Jorge mira el ovillo de lana y sabe muy bien lo que a él le cuesta desenredar un cable, una cuerda o cualquier material lineal que se haya podido enredar…normalmente lo pone peor. Pero esta vez se trata de algo muy diferente y es unir puntos con orden, dedicación, atención. Se trata de construir en vez de derribar, de unir en vez de dividir, de crear y no de destruir, de abrigar, de acoger.

Y es que hace falta más que unas agujas y lana, algo importantísimo es el tiempo, la dedicación y la intención. La mamá de Jorge lo sabía bien, también la de Nieves, que fue su maestra en tejer y en otras muchas cosas.

Primera lección es el punto bobo, a Jorge le encanta el nombre de esa técnica, y es que siempre ha tenido un punto bobo, porque el humor, así como el amor, unen mucho, acercan a las personas en su diversidad y las contiene con en un mismo corazón, alma y espíritu.

En una tarde de enero y tras tejer varias líneas, Jorge sonríe, agradece y hace una oración silenciosa convencido de que a pesar de que lo que más vea últimamente en la sociedad sea separación, polaridad, división y hasta discursos de odio, él, Nieves y muchas más, seguiremos tejiendo alas que nos permitan volar y que nos arropen, como lo hacen las aves con sus crías.

En una tarde de enero.

© Alberto Rodrigo.

ME RINDO

Creo que la verdadera espiritualidad es saber estar donde se está, es decir, saber vivir con fe, esperanza y amor, sean cuales sean las circunstancias externas (las que nos rodean), y las internas (las que nos contienen).

Porque no sólo hay tormentas fuera de nosotros, también hay tormentas internas que asustan con sus truenos, pero que a la vez iluminan con sus relámpagos y que nos empapan y nos sacan de lo que sea que estemos haciendo.

¿Pero y si miráramos a esas tormentas con amabilidad y comprendiéramos su propósito? Quizás nos daríamos cuenta de que no son más ni menos que momentos de parada, de observación, momentos mágico y poderosos. Un grito de la naturaleza queriendo decirnos algo, unos rayos que se gestan precisamente en las nubes que no nos dejan ver temporalmente el sol, pero que se precipitan hacia nosotros con autoridad, con fuerza, colocándonos en el lugar más adecuado para crear y crecer: La HUIMILDAD.

Porque no sólo hay desiertos geográficos en el planeta en el que vivimos, también hay desiertos internos, únicos y especialmente diseñados para cada persona. Desiertos exclusivos en los que se hace muy difícil caminar, es hace muy pesado, perdemos las fuerzas e incluso las ganas de tener más fuerzas. Nos sentimos solos, cansados, hastiados, tristes, incomprendidos, derrotados pero no destruidos.

Desiertos en los que la sed llega al extremo en el que nos va la vida el beber. Es entonces cuando nos damos cuenta de nuestra sequía, despertamos y corremos desesperadamente con la esperanza de encontrar la fuente de agua viva.

La verdadera espiritualidad también consiste en saber estar con uno mismo y con los otros, pero de esto hablaré otro día…

De momento me hago estas preguntas: ¿Qué tal me llevo con mis tormentas y mis desiertos? ¿Realmente sé ESTAR donde estoy y VIVIR el momento que vivo?

Mi única respuesta es que para ello sólo consigo ver un camino y una salida: la rendición como única puerta a la redención. Morir como la antesala del renacer.

Así que me rindo y con fe y humildad prosigo mi camino, el CAMINO.

Alberto Rodrigo.

SER VI VIR

Si algo he descubierto durante los últimos meses, casi año, es la importancia de vaciarse, porque sin vacío no podemos ver el fondo, y es justamente el fondo lo que sostiene y acoge aquello que realmente somos.

Y no creo que sea tanto una cuestión de vaciarse para dejar espacio para lo nuevo, a veces sí. Más bien pienso que consiste en abrazar ese vacío, observar y agradecer nuestro fondo. Sólo así seremos capaces de servir, que es la clave perfecta del bien-ser, de la armonía, del amor, la compasión y la alegría: Comunidad.

Buscar lo que nos une, no lo que nos divide. Esa es la verdadera revolución. Cambiar nuestra mentalidad para sanar nuestro corazón y ser levadura en la masa, no «bombas» de destrucción masiva.

Porque creo que si estamos llamados a algo y si algo nos da sentido y nos construye, es precisamente despojarnos de nuestras «vestimentas» y roles, y agacharnos para lavarnos los pies los unos a los otros. Esto sí que es revolucionario y ser rebelde.

Rebelde porque no piensas igual que ayer. ¡Y qué más da! Eso quiere decir que estás vivo y que estás moldeando tu corazón.

¿Cuál es tu fondo? ¿Cuál es mi fondo?

Alberto Rodrigo.

Retiro: «Mucho más que dos. Espíritu, alma y sexo».

MUCHO MÁS QUE DOS: Espíritu, alma y sexo.

Te invitamos a participar en este exclusivo retiro creado para conectar con nostr@s mism@s y con l@s demás. Para descubrir nuestro SER en espíritu, alma (mente-corazón) y nuestra sexualidad. Compartir vida, aprendizajes y experiencias un@s con otr@s .

Y para ello venimos a un espacio único, amable, mágico y, sobre todo, de confianza donde disfrutar y crear.

Porque estamos diseñados como seres únicos, especiales e irrepetibles y, a la vez, para ser comunidad.

Espíritu, alma y sexo forman un trío de excepción. Pero, ¿en qué consiste este trío?

Estos tres ingredientes están en todo ser humano, existe en tod@s nosotr@s pero no siempre somos conscientes de ellos.

Cuando descubrimos estos tres elementos, les prestamos atención y los integramos de manera natural en nuestra vida cotidiana, logramos una armonía interior, creamos un equilibrio de bienestar, salud, felicidad, paz y amor hacia  un@ mism@ y hacia los demás.

Este retiro es interactivo, tú eres el/la protagonista. Realizaremos diferentes ejercicios y prácticas para conectar con el espíritu, el alma y con nuestra sexualidad. ¡Bienvenid@!

Facilitadores del encuentro:

Marian Frías: marianfriascaminoami.es

Me licencié en Psicología en la UCM especializándome en Clínica. Master en Sexología en la UAH. Coach certificada, experta en Inteligencia Emocional. Trainer en Programación Neurolinguística con su cocreador Frank Pucelik. Coach Inner Game con Tim Gallwey. Mi apasionamiento me ha llevado al estudio del Tarot Evolutivo y Chamanismo.

Podría definir lo que hago, como terapia creativa, dónde fusiono todas mis pasiones. He publicado tres libros, «No Molestar: mejora tu vida sexual y aprende a disfrutar» (Ed. Espasa), «Mucho más que dos: espíritu, alma y sexo» (Ed. La calle) y «El estallido del Ser».

Guío grupos acompañando a personas a conectar con su alma, con su niñ@ interior, a través del Camino del Artista y el Estallido del Ser.Creo en la creatividad como forma de sanación, autoconocimiento y de conexión con nuestra espiritualidad. La creatividad como un camino, una manera de conectar con nuestro ser esencial, con la paz y la alegría que somos.

Alberto Rodrigo, Coach Personal:albertorodrigo.com

“Polifacético y con una extensa y dilatada experiencia profesional y vital, Alberto es imposible de encasillar o definir por lo que hace, ya que es él quien define  y transforma todo aquello en lo que se implica y cree, impregnándolo de su esencia e identidad. 

Un hombre de fe inmensa, un pintor de almas que permite visualizar lo invisible, materializar lo intangible, una mirada transformadora que percibe capacidad y posibilidad  donde otros ven necesidad y carencia. Resiliente, extraordinariamente valiente y maravillosamente vulnerable.

Un ser espiritual y profundamente humano. Alma libre, comprometido y entregado. Espíritu soñador, juguetón, y creativo, hombre que enraíza y construye. Amante de la paz, conciliador y mediador, rebelde y buscador incansable de la verdad y de ser fiel a nuestro diseño original más allá de los límites de las etiquetas que nos encasillan”. (María Ángeles Tornero)

El lugar y el equipaje:

Dirección: Casa del Agua, C. Cierzo, 26315 Santa Coloma, La Rioja.

La Casa del Agua es un alojamiento experiencial para el desarrollo personal y creativo situado en un antiguo molino de agua entre la sierra y el valle del rio Yalde en plena naturaleza. Su rehabilitación se ha llevado a cabo con criterios de bioconstruccion y materiales naturales que garantizan el descanso y el cuidado integral.

Sus bellos espacios interiores y exteriores están preparados para el encuentro con uno mismo y con los demás, con grupos reducidos y una atención personalizada y exclusiva.

El alojamiento es en amplias habitaciones dobles o triples compartidas con baño propio.

Se encuentra a 32 km de Logroño, 99km de Burgos, 81km de Vitoria, 132km de Bilbao, 200km de Zaragoza y 346km de Madrid.

Puedes consultarnos como llegar, poniéndote en contacto con Gustavo Pérez. Teléfono: 690 94 55 25, o email: info@casadelagualarioja.com

En cuanto a equipaje, sólo es necesario traer zapatillas o calcetines para dentro de casa y ropa cómoda.

casadelagualarioja.com

Programa:

Viernes 4 de febrero

A partir de las 17:00h Llegada y acomodación en la Casa del Agua.

19:00h   Sesión1: “Bienvenida: Nos encontramos, conectamos”.

21:00h   Cena.

Descanso y tiempo libre.

Sábado 5 de febrero

09:00h   Desayuno.

10:00h   Sesión 2: “Espíritu, un alma y sexo”.

11:30h   Descanso.

12:00h   Sesión 3: “Las verdades ocultas de tu cuerpo”.

13:30h   Descanso.

Descanso y tiempo libre.

17:00h   Sesión 4: “Camino al despertar del Ser”.

18:30h   Descanso.

14:00h   Comida.

19:00h   Sesión 5: “Cuando el alma calla, el cuerpo habla”.

20:30h   Descanso.

21:00h   Cena.

Descanso y tiempo libre.

Domingo 6 de febrero

09:00h   Desayuno.

10:00h   Sesión 6: “El camino del artista, camino hacia ti”.

11:30h   Descanso.

12:00h   Sesión 7: “Cierre y despedida: Gratitud respirando el SER”.

13:30h   Descanso.

14:00h   Comida.

Reserva de plaza y precio:

Las plazas son limitadas con un máximo de 10 personas.

Para cualquier duda que tengas y para reservar tu plaza puedes ponerte en contacto directamente por teléfono o whatsapp con Marian Frías (626 090 097) o Alberto Rodrigo (629 411 749).

El precio total del encuentro es de 350 € en pensión completa desde la cena del viernes 4 hasta la comida del domingo 6, ambas incluidas, además de todas las actividades y materiales del retiro.

Los menús están diseñados especialmente para completar la propuesta de actividades, con productos locales y muy saludables.

Para asegurar tu plaza, es necesario ingresar 50€ en concepto de reserva, que se restarán del importe total. El resto (300 €) se pagará al llegar a La Casa del Agua.

Puedes hacer tu reserva a través de Bizum: Marian Frías 626 090 097, o bien por transferencia: IBAN: ES27 1465 0716 56 1735115674, indicando tu nombre.

¡Os esperamos!

También puedes descargar el pdf del dosier aquí:

Creo. Conectados para activar la fe.

Hace casi medio año arrancamos los dos grupos de La Comunidad que aún siguen activos. La experiencia está siendo maravillosa gracias a las personas que participan en estos dos encuentros semanales y a la energía y confianza que se han generado.

Como consecuencia de esta experiencia y consciente del poder grupal, he sentido la necesidad de crear un nuevo espacio: CREO, un encuentro semanal para un grupo reducido de 9 personas máximo que estén interasd@s en la espiritualidad sin etiquetas.

«La fe es una visualización creativa que implica creer para crear «.

Esta ha sido siempre mi ancla, una espiritualidad que no encaja en los formatos religiosos creados por el hombre, sino aquella inspirada por el indescriptible Dios creador y accesible para tod@s aquell@s que son capaces de reconocerle en cada detalle de la vida.

Esta será la finalidad de este nuevo espacio: activar, descubrir, y avivar la fe. Ahondaremos en la convicción de lo que no se ve, en la certeza de lo que se espera, para generar un espacio y un estado profundo de esperanza, alegría, amor, pasión, vida, fe, confianza, propósito, paz e ilusión.

OBJETIVOS

  • Formar parte de un grupo de confianzaapoyo acompañamiento.
  • Reflexionar junt@s cada semana sobre una meditación concreta a modo de devocional.
  • Aprender junt@s.
  • Reconciliarnos con lo que es y abrazarlo.
  • Reconocer que también somos seres espirituales.

¿A QUIÉN VA DIRIGIDO?

A cualquier persona mayor de 16 años interesad@ en desarrollar la espiritualidad y con ganas de sentirse acompañad@ y de acompañar a otr@s. Es importante un alto nivel de compromiso para poder sacar el mayor rendimiento posible.

¿CÓMO SERÁN LOS ENCUENTROS?

  • Se harán por Googlemeet y serán de una hora de duración los miércoles a las 09:30h.
  • Los encuentros no se grabarán.

¿QUÉ NECESITO?

  • Una buena conexión a internet.
  • Un lugar tranquilo dónde no tengas interrupciones.
  • Agua.
  • Cuaderno y boli.
  • Quizás te ayude tener algún elemento que te conecte contigo mism@, con la naturaleza, con Dios, con el universo… Puede ser desde una vela encendida a cualquier objeto que suponga un buen anclaje o recuerdo.
  • Te recuerdo que es gratis.

¿CÓMO PUEDO APUNTARME?

Solamente es necesario rellenar un brevísimo cuestionario que me facilitará formar el grupo. A partir de ahí tendré una pequeña entrevista previa online contigo. Comenzaremos una vez que se haya formado. Te avisaré por email.

Puedes apuntarte en este enlace:

https://forms.gle/BRH9TXE2FJDCad7W9

¡Te espero!